El Clarín (Cajamarca Perú)
martes, 28 de mayo de 2019
Inmigrar es un derecho
El Clarín (Cajamarca Perú)
Cosas buenas están ocurriendo en mi Perú
Otras claves para comprender la educación con “enfoque de género”
El Clarín (Cajamarca Perú)
El 2018, según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, fueron asesinadas 149 mujeres y cada día del año 10 niños son víctimas de violación sexual. Según DATUM – 2016, más del 74% de los peruanos reconoció que tenemos un país machista. Según el Instituto Nacional de Estadísticas – INE 2016, el 44% aprueba la afirmación de que “a fin de evitar discusiones en el hogar, la mujer debe ceder” y el 21% considera que ninguna mujer debe contradecir las decisiones de su esposo. Según esta misma fuente en los últimos años cerca del 70% de personas LGTBI son discriminadas; asimismo, se cometen un promedio al año de 17 crímenes de odio (por razón de orientación sexual e identidad de género).
En su momento, en la evolución social de nuestros pueblos, la abolición de la esclavitud, el nacimiento de nuestros Estados, el voto (sufragio) de las mujeres, la jornada laboral de las 8 horas y otras conquistas sociales, tuvieron sus detractores. Ahora, una vida libre de violencia y sin discriminación, de seres humanos que pueden ser nuestros hijos, hermanos o padres, tienen los suyos.
Educación con “enfoque de género”
Se aprecian argumentos a favor y en contra de una educación igualitaria y no marcada por la diferenciación, el rechazo y la injusticia y también una postura vacilante de un sector, el mayoritario, del cual no se tiene una perspectiva clara; considerando su nivel educativo y que se trata de un tema complejo y, debido al divorcio entre las instituciones del Estado y la población, visto como muy lejano e intrascendente.
En la otra orilla ubicamos a un prudente y respetuoso apoyo de académicos, de las diversas áreas del quehacer humano, activistas e instituciones especializadas en derechos humanos, quiénes tienen claro la necesidad de afianzar nuestro proceso educativo, trabajando en aspectos que hacen a la desigualdad de género y el enfoque que éste debería tener.
No obstante, como adelantamos, existe un tercer bloque conformado por la mayoría de la población, que no tiene claridad sobre las bondades o las afectaciones que puede acarrear un proceso educativo bajo criterios de igualdad y respeto del ser humano.
El Estado peruano reconoce en su legislación nacional el enfoque de género, tal como evidencian, la Ley de Igualdad de Oportunidades entre Hombres y Mujeres, el Plan Nacional de Derechos Humanos 2018-2021, el Plan de Acción por la Infancia y la Adolescencia 2012-2021 y el Plan Nacional Contra la Violencia de Género 2016- 2021, en concordancia con compromisos internacionales que ha suscrito en materia de derechos humanos, como la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación hacia la Mujer (CEDAW), la Convención por los Derechos del Niño (CDN) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos y Sociales (PIDESC) y lo definido por sus órganos de seguimiento a nivel de Naciones Unidas.
Por ello, con acierto, la decisión de la Corte Suprema de Justicia en su vigésimo octavo punto, enfatiza que “El asunto, por tanto, más allá de las categorías que puedan formularse y de las discusiones conceptuales que aquellas pudieran suscitar se reduce a términos muy sencillos: si comprobamos en nuestra sociedad la existencia de personas heterosexuales, homosexuales, transgénero o intersexuales, es nuestra obligación, por mandato, humano, convencional y constitucional, brindarles el mismo respeto y consideración que a cualquier otro ser humano. Por consiguiente, el currículo nacional de la educación básica tampoco puede ser acusado de inconstitucional por inculcar en nuestros estudiantes el respeto por las diferentes formas de expresión de la sexualidad”.
¿Estamos trabajando en la “reconciliación” entre peruanos?
El Clarín (Cajamarca Perú)
jueves, 25 de abril de 2019
Otras claves para comprender la educación con “enfoque de género”
Mi columna de la semana pasada, sobre este mismo tema,
recibió comentarios públicos y no públicos que me motivan a desarrollar otras
entradas, que confío ayuden a comprender porque respaldo y desarrollo acciones
tendientes a profundizar el proceso de la educación con “enfoque de género”.
Inicio señalando que, desde hace décadas, el término
“enfoque” se refiere al marco teórico, las metodologías e instrumentos que
ciencias como las sociales, administrativas, económicas, jurídicas, políticas y
otras, han ido generando con el fin de ayudar a que los Estados afiancen y
profundicen sus procesos de país. Entre otros aportes, el incluir en las
decisiones de los gobernantes los enfoques, los ha auto-limitado y ordenado.
Éstos, inyectan fuerza a las acciones de gobierno y los hacen trascender al
estado y nivel de política de Estado. Reducen además la posibilidad de iniciar
todo de nuevo, en cada periodo gubernamental, debido a que preservan los
lineamientos y bases de cualquier proceso.
Así, existen enfoques basados en los derechos humanos
(“enfoque de derechos”), que coloca al ser humano como centro de las decisiones
de Estado y apunta a la promoción y la protección de sus derechos humanos. El
“enfoque intercultural”, fomenta la convivencia -en una relación de respeto a
la realidad social, religiosa y diversa- entre personas de diferentes culturas
y naciones (aymaras, quechuas, afrodescendientes, ashaninkas, shipibos,
mestizos, migrantes, etc.) y religiones (adventistas, testigos de Jehová,
israelitas, católicos, etc.) y también centra la mirada en la persona como
protagonista y titular de derechos. El “enfoque de política pública” alude a la
acción integral y programática del Estado, con el objeto de facilitar un mayor
disfrute de los derechos económicos y sociales de toda la población y frenar
las desigualdades que privan a muchos de una real pertenencia a la sociedad;
entre otros aspectos.
El “enfoque de género”, desde esta perspectiva y objetivo,
promueve cambios en la llamada construcción social y cultural histórica de
prácticas (relaciones de poder y desigualdades), símbolos, instituciones y
normas que nuestras sociedades han desarrollado a partir de diferencias
biológicas entre varones y mujeres. No es, en consecuencia, ideología que
pervierte, asunto de Dios o del Diablo, del bien o del mal, etc. Es un proceso
de lucha contra la discriminación estructural. Es decir, contra las
desigualdades de derecho o de hecho, que se expresan en exclusión social,
sometimiento y violencia de unos contra otros, bajo lógicas repetitivas y
debido a complejas prácticas sociales, prejuicios y sistemas de creencias.
Estos enfoques no se contraponen, se complementan y
transversalizan, porque todos -finalmente- promueven derechos y su ejercicio
pleno; para una vida con dignidad, una vida con respeto al ser humano, una vida
mejor.
Derechos, entre otros, como: a una vida libre de violencia,
es decir sin abuso y acoso sexual, política, física, psicológica, etc.; a la
salud sexual y reproductiva, que se refiere al acceso a uso de métodos
anticonceptivos, educación sexual integral, etc.; derecho a acceder y
participar en espacios de toma de decisiones, considerando que la participación
política de la mujer sigue siendo en gran parte del país y el mundo nominal e
instrumentalizada.
El 2018, según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones
Vulnerables, fueron asesinadas 149 mujeres y cada día del año 10 niños son
víctimas de violación sexual. Según DATUM – 2016, más del 74% de los peruanos
reconoció que tenemos un país machista. Según el Instituto Nacional de
Estadísticas – INE 2016, el 44% aprueba la afirmación de que “a fin de evitar
discusiones en el hogar, la mujer debe ceder” y el 21% considera que ninguna
mujer debe contradecir las decisiones de su esposo. Según esta misma fuente en
los últimos años cerca del 70% de personas LGTBI son discriminadas; asimismo,
se cometen un promedio al año de 17 crímenes de odio (por razón de orientación
sexual e identidad de género).
Esta aberrante realidad, expresa dolorosas y latentes
violaciones a derechos de seres humanos en situación de vulnerabilidad y
reflejan lo degenerada que aún es nuestra idiosincrasia y cultura. En ese
sentido, es comprensible que sólo aquellos que golpean e insultan a sus mujeres
e hijas, violan y muchas veces asesinan a niños niñas y acosan a adolecentes,
agreden y matan a hombres o mujeres por su orientación o preferencia sexual,
rechacen que desde la educación se ataquen y prevengan las CAUSAS que generan
sus formas de violencia. Doblemente cuestionable resulta que, pese a la
gravedad de lo que viene ocurriendo con estos seres humanos, políticos
corruptos e inmorales se apoderen de estos temas y los instrumentalicen, al
punto de colocarse -Ellos- como reservas de la moralidad y las buenas
costumbres.
En su momento, en la evolución social de nuestros pueblos,
la abolición de la esclavitud, el nacimiento de nuestros Estados, el voto
(sufragio) de las mujeres, la jornada laboral de las 8 horas y otras conquistas
sociales, tuvieron sus detractores. Ahora, una vida libre de violencia y sin
discriminación, de seres humanos que pueden ser nuestros hijos, hermanos o
padres, tienen los suyos.
Hay que vencerlos con la fuerza de la razón y sin reproducir
más cultura del odio.
Sigamos avanzando…!!!
jueves, 4 de abril de 2019
¿Estamos trabajando en la “reconciliación” entre peruanos?
Publicado en:
No, si entendemos la “reconciliación” como un proceso de
largo aliento, destinado a la reconstrucción del pacto social y político con
participación incluyente y efectiva; pero además asumido como un compromiso
permanente.
Este “proceso de restablecimiento y refundación de los
vínculos fundamentales entre los peruanos” siguiendo la definición de la
versión abreviada del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación
(CVR) “Hatun Willakuy” -octavo capítulo- de 2003, sigue siendo una
recomendación, para la mayoría de nuestro pueblo y gobernantes, desdeñada e
ignorada.
No existen mecanismos oficiales ni reportes de avances
realizados en la dimensión política, relativa a una reconciliación entre el
Estado, la sociedad y los partidos políticos. Tampoco en la dimensión social,
referida a las instituciones de los espacios públicos de la sociedad civil con
la sociedad entera, de modo especial con los grupos étnicos marginados. Menos
en la dimensión interpersonal, correspondiente a los miembros de comunidades o
instituciones que se vieron enfrentados. En este contexto, "El ojo que
llora" es importante y sensibiliza, al igual que las acciones de
iniciativas ciudadanas como “Para que no se repita” o “Caminos de la memoria”.
En ese sentido, la “reconciliación” entre peruanos, tras el
conflicto armado interno (1980 - 2000) desatado por el grupo maoísta Sendero
Luminoso, es otra de las agendas (como las reformas integrales al sistema de
justicia, a los partidos políticos o al sistema electoral, entre otras) en la
que los esfuerzos de las instituciones del Estado y las organizaciones no
públicas (como los partidos y organizaciones políticas, cámaras de comercio,
colegios de profesionales, universidades, gremios de trabajadores, etc.), son
protocolares, débiles e insuficientes.
Han transcurrido más de quince años de la presentación del
informe final de la CVR y debido -desde su publicación- a la falta de
aceptación de algunas organizaciones políticas como los fujimoristas, los
apristas, otros y sus aliados en el mundo empresarial (nacional e
internacional), la Iglesia y la prensa, no se ha avanzado en la lucha contra la
marginalización y discriminación de aquellos sectores de la población más
afectados por la violencia durante los veinte años del conflicto armado
interno. Esta conducta de actores relevantes en la vida del país, sumada a la
pusilánime y -en muchos casos- desinformada mirada de la burocracia, han
impactado negativamente en los deberes del Estado de “brindar verdad y
justicia” y “reparar”.
La CVR constató que, en orden a su primera conclusión, el
conflicto armado interno “reveló brechas y desencuentros profundos y dolorosos
en la sociedad peruana”. Diecinueve años después, corresponde preguntarnos
¿Éstas brechas y desencuentros se han profundizado, se han mantenido o
acortado? ¿Son prioridad en las políticas públicas los marginalizados y discriminados?
¿Los peruanos y nuestros gobiernos (a nivel nacional, regional o municipal)
estamos trabajando para reencontrarnos y reconciliarnos? ¿La CVR realmente
significó una modificación en la postura del Estado frente a nuestra historia
oficial?
Ningún Estado en el mundo que goza de salud democrática, que
ha alcanzado indicadores sobresalientes en materia de derechos humanos para su
población y es ejemplo de país, ha logrado ese estatus sin antes transitar por
un largo proceso de reconstrucción de sus vínculos fundamentales,
identificación de objetivos y trazo de una agenda de país querido. Ejemplos
hay, incluso en el vecindario internacional.
Esta perspectiva de país, que coincide en esencia con las
conclusiones y recomendaciones de la CVR, es opuesta a los intereses del bloque
antidemocrático y corrupto que ha administrado nuestro Estado -desde los
poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial (nos referimos al sistema de
justicia)- en el presente siglo. Hay un sinnúmero de tramas y hechos que lo
demuestran y hasta la prensa afín a estos sectores -desmañadamente- lo han
reportado.
La “reconciliación” entre los peruanos tiene enemigos
naturales. Son los mismos que en nuestra historia aprovechándose de su relación
con el Estado lo instrumentalizaron para su beneficio. Son los mismos que hoy
intentan distraernos frente a la corrupción que practican y promueven usando la
política, la democracia y el Estado. Son los mismos que atacan y desprecian a
los jueces y fiscales independientes; olvidando que es garantía de un debido
proceso (derecho humano y fundamental) y base de Estado democrático contar con
un sistema de justicia imparcial y justo. Son los mismos que periódicamente
usan el “cuco” del terrorismo y colocan, pese al cumplimiento de sus condenas,
a seres humanos que erraron de camino en la condición de parias.
Tenemos un país excepcional, pero estamos fallando en lo medular. No hemos forjado aún un mismo horizonte. Nos seguimos tratando como enemigos por razones políticas, de origen, color de piel, creencias, etc. Por eso, nuestra conciencia y compromiso democrático, no deben seguir siendo retórica, tampoco opacidad frente al abuso de poder. La reconciliación nacional, que incluye a las diversas naciones y culturas que habitan en nuestro territorio, es más que nunca una necesidad y en ella no debemos transigir.