El Clarín (Cajamarca Perú)
martes, 28 de mayo de 2019
¿Estamos trabajando en la “reconciliación” entre peruanos?
El Clarín (Cajamarca Perú)
jueves, 25 de abril de 2019
Otras claves para comprender la educación con “enfoque de género”
Mi columna de la semana pasada, sobre este mismo tema,
recibió comentarios públicos y no públicos que me motivan a desarrollar otras
entradas, que confío ayuden a comprender porque respaldo y desarrollo acciones
tendientes a profundizar el proceso de la educación con “enfoque de género”.
Inicio señalando que, desde hace décadas, el término
“enfoque” se refiere al marco teórico, las metodologías e instrumentos que
ciencias como las sociales, administrativas, económicas, jurídicas, políticas y
otras, han ido generando con el fin de ayudar a que los Estados afiancen y
profundicen sus procesos de país. Entre otros aportes, el incluir en las
decisiones de los gobernantes los enfoques, los ha auto-limitado y ordenado.
Éstos, inyectan fuerza a las acciones de gobierno y los hacen trascender al
estado y nivel de política de Estado. Reducen además la posibilidad de iniciar
todo de nuevo, en cada periodo gubernamental, debido a que preservan los
lineamientos y bases de cualquier proceso.
Así, existen enfoques basados en los derechos humanos
(“enfoque de derechos”), que coloca al ser humano como centro de las decisiones
de Estado y apunta a la promoción y la protección de sus derechos humanos. El
“enfoque intercultural”, fomenta la convivencia -en una relación de respeto a
la realidad social, religiosa y diversa- entre personas de diferentes culturas
y naciones (aymaras, quechuas, afrodescendientes, ashaninkas, shipibos,
mestizos, migrantes, etc.) y religiones (adventistas, testigos de Jehová,
israelitas, católicos, etc.) y también centra la mirada en la persona como
protagonista y titular de derechos. El “enfoque de política pública” alude a la
acción integral y programática del Estado, con el objeto de facilitar un mayor
disfrute de los derechos económicos y sociales de toda la población y frenar
las desigualdades que privan a muchos de una real pertenencia a la sociedad;
entre otros aspectos.
El “enfoque de género”, desde esta perspectiva y objetivo,
promueve cambios en la llamada construcción social y cultural histórica de
prácticas (relaciones de poder y desigualdades), símbolos, instituciones y
normas que nuestras sociedades han desarrollado a partir de diferencias
biológicas entre varones y mujeres. No es, en consecuencia, ideología que
pervierte, asunto de Dios o del Diablo, del bien o del mal, etc. Es un proceso
de lucha contra la discriminación estructural. Es decir, contra las
desigualdades de derecho o de hecho, que se expresan en exclusión social,
sometimiento y violencia de unos contra otros, bajo lógicas repetitivas y
debido a complejas prácticas sociales, prejuicios y sistemas de creencias.
Estos enfoques no se contraponen, se complementan y
transversalizan, porque todos -finalmente- promueven derechos y su ejercicio
pleno; para una vida con dignidad, una vida con respeto al ser humano, una vida
mejor.
Derechos, entre otros, como: a una vida libre de violencia,
es decir sin abuso y acoso sexual, política, física, psicológica, etc.; a la
salud sexual y reproductiva, que se refiere al acceso a uso de métodos
anticonceptivos, educación sexual integral, etc.; derecho a acceder y
participar en espacios de toma de decisiones, considerando que la participación
política de la mujer sigue siendo en gran parte del país y el mundo nominal e
instrumentalizada.
El 2018, según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones
Vulnerables, fueron asesinadas 149 mujeres y cada día del año 10 niños son
víctimas de violación sexual. Según DATUM – 2016, más del 74% de los peruanos
reconoció que tenemos un país machista. Según el Instituto Nacional de
Estadísticas – INE 2016, el 44% aprueba la afirmación de que “a fin de evitar
discusiones en el hogar, la mujer debe ceder” y el 21% considera que ninguna
mujer debe contradecir las decisiones de su esposo. Según esta misma fuente en
los últimos años cerca del 70% de personas LGTBI son discriminadas; asimismo,
se cometen un promedio al año de 17 crímenes de odio (por razón de orientación
sexual e identidad de género).
Esta aberrante realidad, expresa dolorosas y latentes
violaciones a derechos de seres humanos en situación de vulnerabilidad y
reflejan lo degenerada que aún es nuestra idiosincrasia y cultura. En ese
sentido, es comprensible que sólo aquellos que golpean e insultan a sus mujeres
e hijas, violan y muchas veces asesinan a niños niñas y acosan a adolecentes,
agreden y matan a hombres o mujeres por su orientación o preferencia sexual,
rechacen que desde la educación se ataquen y prevengan las CAUSAS que generan
sus formas de violencia. Doblemente cuestionable resulta que, pese a la
gravedad de lo que viene ocurriendo con estos seres humanos, políticos
corruptos e inmorales se apoderen de estos temas y los instrumentalicen, al
punto de colocarse -Ellos- como reservas de la moralidad y las buenas
costumbres.
En su momento, en la evolución social de nuestros pueblos,
la abolición de la esclavitud, el nacimiento de nuestros Estados, el voto
(sufragio) de las mujeres, la jornada laboral de las 8 horas y otras conquistas
sociales, tuvieron sus detractores. Ahora, una vida libre de violencia y sin
discriminación, de seres humanos que pueden ser nuestros hijos, hermanos o
padres, tienen los suyos.
Hay que vencerlos con la fuerza de la razón y sin reproducir
más cultura del odio.
Sigamos avanzando…!!!
jueves, 4 de abril de 2019
¿Estamos trabajando en la “reconciliación” entre peruanos?
Publicado en:
No, si entendemos la “reconciliación” como un proceso de
largo aliento, destinado a la reconstrucción del pacto social y político con
participación incluyente y efectiva; pero además asumido como un compromiso
permanente.
Este “proceso de restablecimiento y refundación de los
vínculos fundamentales entre los peruanos” siguiendo la definición de la
versión abreviada del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación
(CVR) “Hatun Willakuy” -octavo capítulo- de 2003, sigue siendo una
recomendación, para la mayoría de nuestro pueblo y gobernantes, desdeñada e
ignorada.
No existen mecanismos oficiales ni reportes de avances
realizados en la dimensión política, relativa a una reconciliación entre el
Estado, la sociedad y los partidos políticos. Tampoco en la dimensión social,
referida a las instituciones de los espacios públicos de la sociedad civil con
la sociedad entera, de modo especial con los grupos étnicos marginados. Menos
en la dimensión interpersonal, correspondiente a los miembros de comunidades o
instituciones que se vieron enfrentados. En este contexto, "El ojo que
llora" es importante y sensibiliza, al igual que las acciones de
iniciativas ciudadanas como “Para que no se repita” o “Caminos de la memoria”.
En ese sentido, la “reconciliación” entre peruanos, tras el
conflicto armado interno (1980 - 2000) desatado por el grupo maoísta Sendero
Luminoso, es otra de las agendas (como las reformas integrales al sistema de
justicia, a los partidos políticos o al sistema electoral, entre otras) en la
que los esfuerzos de las instituciones del Estado y las organizaciones no
públicas (como los partidos y organizaciones políticas, cámaras de comercio,
colegios de profesionales, universidades, gremios de trabajadores, etc.), son
protocolares, débiles e insuficientes.
Han transcurrido más de quince años de la presentación del
informe final de la CVR y debido -desde su publicación- a la falta de
aceptación de algunas organizaciones políticas como los fujimoristas, los
apristas, otros y sus aliados en el mundo empresarial (nacional e
internacional), la Iglesia y la prensa, no se ha avanzado en la lucha contra la
marginalización y discriminación de aquellos sectores de la población más
afectados por la violencia durante los veinte años del conflicto armado
interno. Esta conducta de actores relevantes en la vida del país, sumada a la
pusilánime y -en muchos casos- desinformada mirada de la burocracia, han
impactado negativamente en los deberes del Estado de “brindar verdad y
justicia” y “reparar”.
La CVR constató que, en orden a su primera conclusión, el
conflicto armado interno “reveló brechas y desencuentros profundos y dolorosos
en la sociedad peruana”. Diecinueve años después, corresponde preguntarnos
¿Éstas brechas y desencuentros se han profundizado, se han mantenido o
acortado? ¿Son prioridad en las políticas públicas los marginalizados y discriminados?
¿Los peruanos y nuestros gobiernos (a nivel nacional, regional o municipal)
estamos trabajando para reencontrarnos y reconciliarnos? ¿La CVR realmente
significó una modificación en la postura del Estado frente a nuestra historia
oficial?
Ningún Estado en el mundo que goza de salud democrática, que
ha alcanzado indicadores sobresalientes en materia de derechos humanos para su
población y es ejemplo de país, ha logrado ese estatus sin antes transitar por
un largo proceso de reconstrucción de sus vínculos fundamentales,
identificación de objetivos y trazo de una agenda de país querido. Ejemplos
hay, incluso en el vecindario internacional.
Esta perspectiva de país, que coincide en esencia con las
conclusiones y recomendaciones de la CVR, es opuesta a los intereses del bloque
antidemocrático y corrupto que ha administrado nuestro Estado -desde los
poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial (nos referimos al sistema de
justicia)- en el presente siglo. Hay un sinnúmero de tramas y hechos que lo
demuestran y hasta la prensa afín a estos sectores -desmañadamente- lo han
reportado.
La “reconciliación” entre los peruanos tiene enemigos
naturales. Son los mismos que en nuestra historia aprovechándose de su relación
con el Estado lo instrumentalizaron para su beneficio. Son los mismos que hoy
intentan distraernos frente a la corrupción que practican y promueven usando la
política, la democracia y el Estado. Son los mismos que atacan y desprecian a
los jueces y fiscales independientes; olvidando que es garantía de un debido
proceso (derecho humano y fundamental) y base de Estado democrático contar con
un sistema de justicia imparcial y justo. Son los mismos que periódicamente
usan el “cuco” del terrorismo y colocan, pese al cumplimiento de sus condenas,
a seres humanos que erraron de camino en la condición de parias.
Tenemos un país excepcional, pero estamos fallando en lo medular. No hemos forjado aún un mismo horizonte. Nos seguimos tratando como enemigos por razones políticas, de origen, color de piel, creencias, etc. Por eso, nuestra conciencia y compromiso democrático, no deben seguir siendo retórica, tampoco opacidad frente al abuso de poder. La reconciliación nacional, que incluye a las diversas naciones y culturas que habitan en nuestro territorio, es más que nunca una necesidad y en ella no debemos transigir.
sábado, 30 de marzo de 2019
El Perú es multicultural
Contraloría y lucha contra la corrupción
FFAA y servicio militar obligatorio
Otros aspectos que fortalecen la justicia
jueves, 28 de marzo de 2019
Poder judicial: ¿“cenicienta” de las funciones del Estado?
jueves, 28 de febrero de 2019
Poder judicial: ¿“cenicienta” de las funciones del Estado?
Sí lo sería. Una realidad, con múltiples expresiones, que la
encontramos en gran parte de los países con sistema de gobierno basado en la
separación de poderes; también llamadas naciones democráticas.
En nuestra región, entre otras razones, esta situación tiene
su origen en la forma en que se han desarrollado las relaciones institucionales
entre las ramas (órganos, poderes o funciones) políticas y el Judicial que es
eminentemente de naturaleza técnica y especializada.
El Ejecutivo -mayoritariamente- por el perfil desarraigado,
corrupto y antidemocrático de sus gobernantes, en sus diversos periodos, ha
preferido -aprovechando la inexistencia o débil carrera pública- la parálisis
(status quo), pero también el control político y la instrumentalización de
puestos clave del sistema de justicia; lo que les ha permitido perseguir a
opositores políticos y, entre otras formas, generar impunidad a sus crímenes
ligados al abuso de poder y a la corrupción.
El Congreso, ha tenido similar línea de conducta, pero
agravada, debido a que ha declinado de su función de fiscalización de los actos
de gobierno y ha permitido que se inicien y -en algunos países- afiancen los
procesos de copamiento político del Órgano Judicial. En algunos países,
especialmente en aquellos cuyos gobiernos pregonan tener un proceso
revolucionario, el Congreso funciona como apéndice del Gobierno Nacional. Suma,
el que históricamente han demostrado desinterés por construir un marco jurídico
coherente que permita a jueces, fiscales y otros operadores y administradores
de justicia, desarrollar sus funciones en orden a sus mandatos constitucionales
y del Derecho Internacional de los Derechos Humanos.
Junto al Gobierno, por acción y omisión, el Congreso
-siempre además de lo señalado- ha subordinado al judicial al aprobar mínimos
presupuestos que no cubren el servicio judicial siquiera en el 30 ó 40% de
municipios de los respectivos países. Se aprecia una relación de dependencia,
además, debido a que éste presupuesto está librado a la arbitrariedad de
congresistas, dos o tres ministros y el Presidente del respectivo Estado. En
Bolivia, por ejemplo, el presupuesto asignado al Judicial ha oscilado entre
0.54 y 0.58% del presupuesto general del Estado (menos del 1%), en los últimos
12 años.
El judicial, por su parte, ha demostrado escasos liderazgos.
Hugo Sivina Hurtado (Perú), Luis Paulino Mora Mora (Costa Rica) y Jorge Chediak
González (Uruguay) siguen siendo excepciones en la región, porque superaron la
comodidad de no hacer nada y promovieron propuestas concretas y viables para
sus respectivos países. Esta situación de parálisis se ha traducido en cuotas
de poder (para el control judicial al ejercicio del poder) perdidas, que los
políticos han tomado y que -paradójicamente- usan para enfrentar a jueces y
fiscales honestos a la población, agrediéndolos cuando les conviene.
En la mayoría de nuestros países los políticos carecen de
cultura político-jurídica, por eso no tienen vocación democrática y en esa
medida no entienden que apostar por una reforma integral al sistema de justicia
es construir un mejor país. Habría que renovar la “clase política” eligiendo
mejor; pero además mejorando el sistema electoral y promoviendo la coexistencia
de partidos políticos con representación nacional y alternancia periódica. Está
demostrado que los caudillos emergen y buscan su perpetuidad en aquellos
contextos en los que no hay partidos políticos fuertes.
Como se aprecia, existe una relación de maltrato
direccionada y permanente de los órganos políticos hacia el judicial que, pese
a las décadas transcurridas y millonarios procesos de reforma judicial
fallidos, no se ha superado. El sostenimiento de esta situación, además de los
propios órganos del Estado, encuentra responsabilidades en la población que
elige pésimos políticos (salvo algunas honrosas excepciones), los medios de
comunicación que no invierten en un periodismo judicial, las universidades que
optaron por vivir en su propia burbuja (el de la autonomía), las agencias de
cooperación que últimamente sólo se preocupan de “colocar” sus ayudas; pero sobre
todo en la mayoría de las organizaciones especializadas en materia judicial
(ONGs) que prefieren una relación complaciente con los gobiernos que los lleva
a la autocensura.
Queda claro que también hay países en los que el sistema de
justicia ha pasado a ser un apéndice del Gobierno Nacional.
A nuestros pueblos nos conviene que esta perversa relación de abuso de poder la cambiemos por una de respeto y no injerencia. Los que hacen política deben comprender este extremo y en lugar de seguir avasallando e instrumentalizando al judicial, deben promover su auto reforma, auto limitándose. Todo tiempo es bueno para este objetivo de construir un país con justicia.