jueves, 16 de enero de 2020

Conocer y defender nuestras instituciones es la clave

                                                                                                                                        Publicado en:

El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)
La Razón (La Paz Bolivia)
Los Tiempos (Cochabamba Bolivia)


En aquellos países donde existen instituciones fuertes, la población disfruta más los beneficios de una vida en democracia.

Las instituciones no nacen fuertes, son construidas y encuentran sus bases en el nivel de legitimidad social que alcanzan en el tiempo con servicios eficaces y eficientes. Se caracterizan por ser conocidas por los usuarios, meritocráticas, accesibles, autónomas, independientes, transparentes -esto es- con flujos permanentes y persistentes de información de los servicios que prestan y sus resultados. En esa medida, controlan las acciones de los gobernantes -en sus distintos niveles- y las sujetan al marco jurídico vigente; principalmente la Constitución Política del Estado, normas internacionales sobre derechos humanos y demás leyes de desarrollo constitucional.

Ocurrió en Colombia el 2010, cuando la Corte Constitucional declaró inconstitucional, por vicios de forma y de fondo, el referendo que buscaba la segunda reelección del presidente Álvaro Uribe. Está sucediendo en los últimos años en Estados Unidos por decisión de jueces federales que siguen paralizando medidas populistas del presidente Trump en materia migratoria. Ocurrirá en los siguientes días, cuando el Tribunal Constitucional de Perú rechace a trámite los recursos presentados para que el Congreso disuelto -constitucionalmente-retorne.

En ese sentido, es importante tener en cuenta que sólo una institucionalidad sólida puede ofrecer -efectivos- frenos y contrapesos al ejercicio del poder, sobre todo de las funciones o también llamados órganos o poderes políticos (Ejecutivo o Gobierno y Legislativo); evitando que sus autoridades se perpetúen en el poder y, para sostenerse en el mismo, violen derechos. De este supuesto sobran ejemplos en países de Latinoamérica y el mundo, los que nos plantean el reto de repensar y replantear instrumentos sociales como la política, el derecho y la democracia.

Lo óptimo, en una democracia, es que la toma de decisiones públicas se genere en una relación de colaboración entre poderes y entre éstos y la sociedad. Imposible no.

En los ejemplos descritos, el primer caso muestra el deseo de un presidente de reelegirse y, a lo mejor, perpetuarse en el poder, basado en un supuesto apoyo ciudadano. El segundo expone el autoritarismo y perspectiva de un gobernante populista y anti-derechos de sectores en situación de vulnerabilidad. El tercero, la defensa -sin argumentos- de la corrupción (política y económica) y la impunidad, desde un poder de Estado (el Congreso), que fue penetrado por organizaciones criminales.

Si desarrollamos instituciones fuertes, éstas pueden orientar y sentar bases éticas y morales a la vida política de cualquier país. El ejemplo más elocuente y próximo lo constituyen los debidos procesos judiciales que el sistema de justicia anticorrupción para funcionarios públicos peruano, le sigue a su “clase política” por acusaciones de corrupción. Juicios públicos (transmitidos en vivo por tv del Poder Judicial), con jueces y fiscales autónomos e independientes, que le están enseñando a la población el valor de sus respectivas funciones y decisiones para el sistema democrático y la importancia de una vida -como país- sin corrupción e impunidad. Un sistema de justicia que se imparte en nombre del pueblo, pero orientado a beneficiar a ese pueblo y no al sector dominante o de Gobierno; considerando que luchar contra el cáncer de la corrupción, desde cualquier institución del Estado, le conviene a todos y todas.

En esta perspectiva, en nuestros países, trabajar en la construcción de instituciones sólidas, es evitar autoritarismos y caudillismos. Es evitar flagelos como el de la corrupción y la impunidad. Es desarrollar ciudadanía efectiva y evitar masas de siervos e instrumentos del poder político. Es educar a los pueblos e insertarlos en la vida política y la toma de decisiones de Estado. Es evitar el abuso de los políticos que concentran el poder para delinquir. Es hacer de las personas seres libres, preparados para avanzar en su vida privada y pública. Es construir países inclusivos y con oportunidades para todos y todas.

Muchos de los males que aquejan, de sur a norte y de norte a sur, a nuestros pueblos -justo- en estos momentos, no los tendríamos si entendiésemos la importancia de nuestras instituciones para una vida en democracia. Por eso los invito a invertir, parte de su tiempo, en su conocimiento y uso; porque sólo ello nos hará libres del abuso y la arbitrariedad.

Nada puede ser más importante en la vida del ser humano, de este tiempo, que mejorar el mundo que heredó, ayudando a superar sus males.

Somos los del pueblo los que estamos fallando

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)
Correo del Sur (Sucre Bolivia)
Los Tiempos (Cochabamba Bolivia)



Es común en nuestras sociedades endosar culpa sobre aquello que nos afecta a los demás. No hacemos autocrítica y tampoco enseñamos, a los que nos suceden, la importancia de realizar balance periódico de nuestros aciertos y hierros como individuos y colectivamente. Existimos creyendo que los problemas que nos acosan atañen al resto y que aportar soluciones no es de nuestra incumbencia, que es asunto de los demás.

Somos nosotros -el pueblo- los que cedemos y hacemos fértil el terreno para el embuste, la improvisación, la mentira, la arbitrariedad, el abuso, la corrupción y la impunidad.

Elegimos a nuestros gobernantes y nos olvidamos de controlarlos, pidiéndoles rindan cuentas de sus actos de gobierno; pese a que sabemos que ellos -de mutuo propio- no lo harán. Esto sucede en todos los niveles de gobierno (nacional, regional, local) y se repite y se repite hasta formar un círculo vicioso que se proyecta y crece en el tiempo, al extremo de ser aceptado socialmente como normal.

Todo es importante para la gente, menos vigilar y controlar a nuestros gobernantes. El futbol, los carnavales, las fiestas religiosas de la ciudad y del pueblo, los escándalos televisivos, tomarse unas chelas, reunirse para jactarse de los logros de los hijos y hasta comentar y distorsionar la vida de los vecinos o de aquellos a los que llamamos amigos, son más significativos y valiosos que tener una mayor participación en la vida política de nuestros países. Lo asumimos como estándar, porque así nos han “educado”, porque aun arrastramos broncas cadenas, sembrados en la consciencia social, que tienen como nombre desinformación, desinterés, indiferencia, miedo, etc.

Por eso es que, para la mayoría de nuestros políticos, gobernar se reduce a dictar leyes, sin importar que éstas no tengan como beneficiarios a todos y todas o que las dirigidas al pueblo no se cumplan y que sólo sean cascarón y ruido mediático. Basta observar y preguntarnos ¿cuántos y cuáles de nuestros servicios básicos son brindados con calidad y calidez?, como función de Estado; esto es servidos por las instituciones del Estado cumpliendo los preceptos constitucionales, de otras leyes y estándares promedio. ¿A lo mejor salud, educación, justicia, agua y saneamiento, vías y medios de comunicación, seguridad, etc?, usted tiene la respuesta.

Estamos, en esta línea de reflexión, transitando por una vida marcada por la entrega, casi siempre y sin condiciones al momento de elegir gobernantes, de tareas y responsabilidades que, en una sociedad democrática, es de todos y no sólo del elegido. Por eso elegimos a personas que no conocemos que, una vez en el poder, se convierten en nuestros verdugos. Ocurrió nuevamente, por ejemplo, en mi Perú con los integrantes del disuelto Congreso y varios ex presidentes. No aprendemos de nuestros errores y seguimos en más de lo mismo.

Este nivel de enajenación, que expresa un distorsionado y perverso modo de vida y de relacionamiento social con el Estado y los problemas nacionales, es tan profundo que nos bloquea y callamos, no reaccionamos ante los atropellos de los gobernantes, porque -pese a la flagrancia de sus ilícitos- seguimos creyendo que el control del ejercicio del poder (gobierno) no es nuestra responsabilidad, no es asunto de los individuos. Es más, por falta de cultura política y jurídica, desconocemos que al ser pueblo somos Estado y que necesitamos recuperar el poder que por décadas hemos regalado a políticos inescrupulosos a cambio de migajas.

No conocemos a nuestras instituciones y en esa misma dimensión no las valoramos, lo que explica que -históricamente- hayamos permitido que las élites dominantes las controlen para sus fines; por eso, en varios de nuestros países, instituciones clave del Estado están vinculadas a organizaciones criminales con operadores estratégicos en ellas. Personas que actúan bajo un mando, con protección política y blindajes para su impunidad. Siguiendo con los ejemplos, para no herir susceptibilidades, en mi Perú tenemos infiltrados a Pedro Chávarry, Césas Hinostroza y otros y otras en las instituciones del sistema de Justicia.

Necesitamos construir nuevas reglas, porque nuestro marco social está retorcido, y avanzar todos y todas en nuestra evolución histórica en justas y equitativas condiciones. Necesitamos proteger y desarrollar nuestros derechos, como los civiles y políticos, pero no a costa del perjuicio de las mayorías y éste es un buen tiempo para avanzar eligiendo bien; considerando que en algunos de nuestros países tenemos en agenda elecciones.

Mentirle a un pueblo es una forma de traicionarlo

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)
CAUSAJUSTA (Lima Perú)


No es cierto que los peruanos tengamos un dictador como gobernante. Tampoco que le hayamos “ganado la guerra” a la corrupción. También que Keiko sea inocente de las acusaciones fiscales por corrupción. Menos que los fujimontesinistas y sus aliados marchen defendiendo valores y principios que hacen a una coexistencia social en democracia, la vida, la diversidad, la naturaleza u otros derechos.

En esa perspectiva, resulta vergonzoso que algunos abogados autodenominados “constitucionalistas” y otros con “prestigio internacional”, como Domingo García Belaunde, hayan preferido servir a los intereses de las organizaciones delictivas que controlan gran parte del Estado, nuestra vida política y económica; justo en un momento en el que toca dar un espaldarazo al proceso moralizador del país y el fortalecimiento de nuestra precaria democracia.

Abandonando todo tipo de escrúpulos y exigencias éticas que impone ser parte de “la academia”, los abogados de la mafia, no han dejado de confundir, sembrando sospechas y dudas, y siguen mintiendo a los peruanos sobre la legalidad de la disolución del Congreso. Aprovechando y abusando de los espacios que el sector de la alineada prensa limeña les ofrece, califican de “dictadura” el gobierno constitucional del presidente Vizcarra, porque les conviene afirmar y mantener -en el tiempo- una crisis que sus patrocinadores y mecenas han iniciado y -hasta- llevado a ámbitos internacionales, como la OEA y la Comisión de Venecia, desacreditando a un pueblo por decidir lo que quiere y conviene.

Saben que en unos meses, por decenas, les tocará responder ante tribunales independientes por sus crímenes y necesitan mostrar caos y desgobierno, para luego alegar falta de independencia de jueces y fiscales que, siguiendo sus formas de copamiento para delinquir con impunidad, estarían controlados por el Gobierno. Les aterra ser juzgados por el sistema de justicia anticorrupción para funcionarios públicos y eso los tiene convulsionando.

No obstante, es importante reconocer que aún no le hemos “ganado la guerra” a la corrupción. Apenas hemos vencido una batalla, la disolución de un Congreso, compuesto por -siguiendo a don Mario Vargas Llosa- “forajidos”.

Sentar bases para una vida y un país libre de corrupción, es un proceso sociocultural de mediano y largo plazo, que sólo se logrará con educación de calidad. En ese sentido, debemos abandonar sentimientos triunfalistas y promover -respaldando desde todo tiempo y lugar- acciones que nos ayuden a comprender e interiorizar en nuestras vidas que, mientras más corrupción haya en nuestros municipios gobiernos regionales y gobierno central, serán menos los derechos que tendremos como pueblo.

Debemos comprender que mientras haya corrupción tendremos las mismas o menos escuelas, colegios, hospitales, unidades judiciales y fiscales, comisarías, caminos asfaltados, casas con electricidad, telefonía y, entre otros tantos beneficios que puede generar una gestión y gobierno honesto, programas sociales productivos y sostenibles destinados a los excluidos y pobres.

Por estas valoraciones, que se ajustan a la realidad peruana, es importante que Keiko Fujimori, al igual que sus legisladores del disuelto Congreso, tengan debido proceso y, en orden a las acusaciones fiscales por corrupción y otros crímenes seguidos en estrado judicial, tengan las máximas sanciones legales.

En esa ruta estamos y, considerando que las organizaciones delictivas políticas y económicas (una de ellas -a decir de la fiscalía- liderada por Keiko) no se quieren ir, ayuda a este proceso de reconstrucción moral del país, tampoco dejar de apoyar a nuestros jueces y fiscales anticorrupción (Vela, Pérez, Concepción). El Presidente y ellos, son un soporte humano importante para las tareas que, como país en este reto, tenemos a futuro.

Celebro en esa línea, pese a ser minúscula la participación, que los fujimontesinistas y sus aliados (Jaime de Althaus entre ellos) hayan “marchado” por las calles de Lima. Han ejercido un derecho que por décadas nos negaron y cuestionaron. Han demostrado que, pese a forzar la participación de sus ex trabajadores y sus familias del disuelto Congreso, no les queda ninguna musculatura política. No han podido dar sustento a los argumentos de sus constitucionalistas, que siguen argumentando la existencia de un gran descontento social -son millones dicen- y riesgo de gobernabilidad del país. También ha quedado claro que, estos señores, jamás enarbolarán valores y principios que hacen a una coexistencia social en democracia, la vida, la diversidad, la naturaleza y cualquier derecho humano.


El proceso de lucha contra la corrupción apenas inicia en nuestro Perú. Consolidarlo, para avanzar, necesita de estrategias. Una de ellas es prepararse, para no caer en el dañino juego de la mafia, que usa la mentira y el miedo como sus principales armas.

miércoles, 15 de enero de 2020

Es tiempo de corregir errores

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)

El pasado lunes 30 de setiembre es una fecha a la que cada peruano y peruana, que soñamos con un país más justo y equitativo, debemos dar contenido y valor histórico, por lo ocurrido en el curso de sus horas; la disolución temporal por el Presidente Martín Vizcarra del Congreso que sólo representaba a los intereses corruptos de sus integrantes y mecenas.

En esa perspectiva, se trata de una fecha que deberíamos recordar como una oportunidad, una de las tantas que hemos tenido en este tiempo de “país independiente”, para -entre otras diversas cosas- despojarnos de la corrupción política y económica; el principal lastre que nos ancla y posterga en nuestras aspiraciones de lograr una sociedad de ciudadanos y no de meras estadísticas y de construir un Estado fuerte y respetado con menos Gobierno y más instituciones.

El cierre temporal -constitucional y legalmente válido- del Legislativo, que en este periodo congresal gracias al voto de la mayoría de la población recayó en el mismo lumpen político y económico del país, abre ese abanico de posibilidades, que debemos aprovechar, para corregir cada error cometido.

Seguir divagando sobre cuántos presidentes tiene en este momento Perú y si el cierre del Congreso es legal, es estar desinformado y caer en el juego de la histórica mafia política y económica peruana, que se alimenta de cuantas crisis pueda crear.

No podemos salir del fuego para caer en las brasas. La elección de los Congresistas que culminarán el actual periodo congresal (28 de julio de 2021), el 26 de enero de 2020, es una de nuestras pruebas para demostrarnos -a nosotros mismos- que estamos construyendo cultura política y que empezamos a discernir al momento de elegir a nuestros siguientes gobernantes.
En ese sentido, es de importancia capital tener siempre presente que el actual entrampamiento político, del cual iremos saliendo progresivamente, fue generado por nuestra inestable y mezquina clase política, una que se ha vuelto -por causa de la corrupción que todo lo distorsiona y pervierte- presumida perezosa y avasalladora. Recordar con autocrítica este extremo, es parte fundamental del ejercicio de reconocer en qué fallamos y prepararnos para no incurrir en lo mismo.

Sólo preparándonos, que es lo mismo que desarrollar cultura política como pueblo, podremos evitar que a futuro volvamos a tener a personajes impresentables, sin escrúpulos y con un apetito voraz por el dinero mal habido, haciendo gobierno.

Prepararse implica leer más, aprender a escoger fuentes de información, aprender a analizares y desarrollar opinión propia y, entre otras acciones, jamás ser caja de resonancia o repetidora de la voz de otros. Es ganar conocimiento y construir argumentos para cuestionar o apoyar a cualquier autoridad que se aparta de su marco de legalidad y legitimidad de acción. Es ir ganando la condición de ciudadano, que aporta a los procesos de su país, es perfilarse como líder.

Este debe ser nuestro derrotero. Forjar un país con líderes que hagan gobierno y que, por su perspectiva de vida en valores y ética, alejen de nuestros espacios institucionales a aquellas formas corruptas manipuladoras y autoritarias de hacer política.

El desastre, el fracaso y la traición, no deben ser más estigmas de aquellos que elegimos para gobernarnos. Por eso debemos elegir a los más aptos, transparentes y con sensibilidad con la humanidad y la naturaleza, no a los que más ofrecen u compran con circo y farra tu voto. Necesitamos creer en nosotros reconstruyendo autoestima y defendiendo nuestra dignidad y pensando que, más temprano que tarde, un día dejaremos de ser ese tantas veces golpeado y sufrido pueblo y que debe ser meta constituirnos -verdaderamente- en el soberano.

Corregir errores, en este horizonte siempre, importa no votar por cualquier nulo, iletrado o prontuariado criminal. Ya bastante tuvimos, en estos últimos años, con los disueltos ex congresistas; un grupo de improvisados que sólo saben delinquir y que viven al margen de los grandes problemas nacionales.

El no seguir en lo mismo y ayudar a sanar a nuestra podrida democracia, depende más de nosotros mismos que de aquellos que elegimos.

sábado, 28 de septiembre de 2019

¡Expresarnos en las calles es lo único que nos queda!

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)

La “clase política” nacional nos ha robado y ninguneado tanto, en estos casi dos siglos de República, que sólo nos queda la voz en las calles. Nuestra capacidad de indignarnos, generar cambios y sepultar episodios vergonzosos está -nuevamente- en prueba.

La actual correlación de fuerzas existente en el Congreso, con predominio fujimorista digitados desde el penal de Santa Mónica por Keiko Fujimori, ha degenerado sus funciones en abusivas arbitrarias y antidemocráticas y, de espaldas a lo que mayoritariamente el pueblo demanda, ha puesto en evidencia un siniestro plan de toma y control de otros sectores clave del Estado y la recaptura total del poder; como en la década del 90. Por ahora además del Congreso tienen mayoría en la Junta de Fiscales Supremos encabezados por Pedro Chávarry, designados gracias al control que lograron en el disuelto Consejo Nacional de la Magistratura. También tienen la complacencia del Presidente del Poder Judicial que -reiteradamente- critica a los jueces anticorrupción por su labor y busca desacreditar el uso de institutos jurídicos como la detención preventiva.

Los corruptos necesitan impunidad e invisibilidad social. Es imprescindible, en ese sentido en esta coyuntura, entre otras tretas, controlar el Tribunal Constitucional (TC), porque en sala plena actual la mayoría de jueces son autónomos e independientes. Ese predominio les permitiría, entre otras acciones futuras, liberar a Keiko, impedir el acuerdo con ODEBRECHT, acabar con todo el trabajo de los fiscales Vela y Pérez y los jueces anticorrupción que también favorece a sus aliados y tránsfugas e impugnar la posibilidad de una cuestión de confianza para adelantar las elecciones generales que permita sacar al peor Congreso de nuestra historia que, como sabemos, sólo representa a los intereses delictivos de esa mayoría congresal y sus cómplices fuera del Estado.

Por eso, con una prisa inusual y estridente difusión en sus adictos y torcidos medios de comunicación capitalinos, la “Comisión Especial” que preside Pedro Olaechea (el mismo que dijo que un sueldo mínimo de S/. de 850 “dentro del Perú era mucho”) está programando la “elección” de los nuevos magistrados del TC el lunes 30 de setiembre. Ya existen listas aprobadas de candidatos, “seleccionadas” en tan solo media hora, entre los que figuran como “favoritas” personas con una demostrada vinculación política con el fujimorismo y el alanismo. A estas organizaciones sólo les basta nombrar a uno de los que integran sus listados y tendrán el control del TC.

Recordemos que la actual composición del TC ha permitido que se declare inconstitucional leyes relativas a publicidad estatal, transfuguismo y el intento de modificar la cuestión de confianza. A estos y otros casos, que tienen que ver con la profundización de la democratización del país y la lucha contra la corrupción jueces como Ernesto Blume (actual presidente del TC), José Luis Sardón y Augusto Ferrero, mostraron oposición a través de argumentos partidarios inconsistentes y vacilantes.

No debe quedar duda entonces que, en las últimas décadas, Fuerza Popular -a través de cada una de sus anteriores caretas de participación política fujimontesinista- y lo que queda del Partido Aprista Peruano, son expresión política de la corrupción y la impunidad en el país. Que son los actuales representantes de la escuela del robo descarado a los más de 30 millones de peruanos usando el Estado; por eso se vinculan a él, como desde hace más de 500 años lo han hecho diferentes actores y sectores sociales, hasta no hace mucho intocables (los del Club de la Construcción por ejemplo).

Por lo anterior, su achorada resistencia a irse y ceder beneficios del Perú para los peruanos. Por eso hasta al asesinato apelan, como habría ocurrido con el juez Ernesto Araujo Ramos de Rosas del Juzgado Unipersonal Penal de Chepén (La Libertad) que juzgaba a Joaquín Ramírez (ex Secretario General de Fuerza Popular y mano derecha de Keiko) y a posturas fascistas y anti-históricas de considerar que “al pueblo no se le hace caso, al pueblo se le gobierna y el pueblo solo tiene derechos, y de esos derechos, al pueblo le nacen de la Constitución, los derechos del pueblo nacen de la Constitución y el pueblo tiene derecho a elegir”.

Queda claro, por lo expresado y muchas otras tantas razones de hecho y Derecho, que el actual Congreso no tiene legitimidad para elegir a los nuevos integrantes del TC. Sus repugnantes componendas para sus repartijas los delatan. Ya todos sabemos que su único propósito es el control y sometimiento del TC para asegurar la impunidad a sus crímenes pasados, actuales y futuros; por eso es nuestro derecho abrir otras puertas que aporten a la solución de esta crisis de gobernabilidad del país generado por la corrupción y la impunidad.

Los peruanos necesitamos comprender que si estas mafias políticas y sus aliados dentro y fuera del Estado insisten en concretar estos planes, al margen de la aplicación de las prerrogativas del Ejecutivo (del Gobierno Nacional) frente a la desatención de sus propuestas que el pueblo respalda (como el adelanto de elecciones generales para el 2020), nos están habilitando para usar nuestro derecho constitucional (artículo 46, segundo párrafo) a la insurgencia.

El orden constitucional debe ser recompuesto en sus elementos (conceptos y contenidos) y dado que la insensatez y angurria de las mafias persisten, para afirmar nuestra lucha libertaria como pueblo, sólo nos queda la voz en las calles.

Dejar de ser considerados como “cholos baratos” “sin alma” y “tontos útiles”, de políticos inescrupulosos y empresarios con moral esclavista, depende de nosotros. Sí podemos transformar el mundo y desechar cruces que nosotros mismos nos echamos en la espalda.

NOS VEMOS EN LAS CALLES…!!!

¿Qué nos está pasando?

Publicado en:
Revista Lea (Chiclayo Perú)

La humanidad está viviendo tiempos extremos. Desde hace bastantes décadas, nos afanados en autodestruirnos y lo trágico es que -parece- no somos conscientes de que cada afectación a la naturaleza nos acerca más y más a la extinción como especie.

Desde hace semanas apreciamos que arden cientos de miles de hectáreas de bosques en Paraguay, Perú y especialmente en la Amazonía de Bolivia y Brasil. En Bolivia, en lo que va del año, según la Fundación Amigos de la Naturaleza, se habrían quemado 1,8 millones de hectáreas. En Brasil habría un incremento anual de incendios forestales en un 84%.

Nos cuesta comprender que somos los humanos los que necesitamos de la naturaleza y del planeta y no la Tierra de nosotros, para seguir existiendo. Algo tan elemental, pero al mismo tiempo simple, que gobernantes y gobernados no somos capaces de asimilar y actuar.

En nombre del denominado “desarrollo”, nos hemos constituido en el principal depredador de nuestro hogar, el planeta Tierra. Los que más tienen más quieren y los que menos tienen, entre otras razones, además de ser “educados” para ser indiferentes sumisos y permisivos con los depredadores, somos “controlados”, a sangre y fuego, cuando levantamos la voz en defensa del medio ambiente.

Pese a ser la única especie con capacidad de razonamiento, somos los que no paramos -un segundo- de contaminar el lugar donde estamos. Por eso nos hemos convertido en el animal más peligroso sobre la faz de la tierra y, al paso al que vamos, más temprano que tarde daremos paso al apocalipsis.

Por eso, es deber de la humanidad elegir líderes que reconozcan la importancia de proteger la naturaleza y que se esfuercen en promover soluciones científicas e integrales y una enorme base social empoderada que las respalde. Neguemos nuestro respaldo a quienes sólo creen en sus efímeros intereses personales y de grupos, en todos lados sabemos quiénes son. Pensemos cómo limitar su acción destructiva y cómo efectivizar los mecanismos legales internacionales existentes para que sus crímenes contra la Tierra y sus habitantes tengan castigo.

No podemos seguir permitiendo que desde los gobiernos se siga legalizando la lapidación del planeta. Tampoco sustituyendo y restando responsabilidad, con fines electorales, a los gobiernos regionales y locales. Es también inconcebible que sigamos guardando silencio cuando nuestros gobiernos destinan migajas para las “políticas medioambientales” a nivel nacional, regional y municipal.

Es fundamental también que, quiénes integran los sectores predominantes, el sector minero por ejemplo, aprendan a respetar la naturaleza, nuestra diversidad y pluriculturalidad (diversos pueblos con sus propias culturas en un mismo Estado), que pasa porque abandonen su lógica de relacionamiento basado en el abuso de poder, la manipulación y los costos ocultos.

La relación entre mercado, medio ambiente, política y ciencia, necesita ser replanteada. Necesitamos relaciones basadas en el equilibrio de la naturaleza, el respeto a los seres vivos y la preservación de la especie humana.

Si nada cambia, la auto-extinción humana sería un justo castigo. Aún lo podemos evitar. Les recuerdo que no tenemos otro hogar, más que la Tierra.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Los “psicosociales” han vuelto

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)

Un poco más de 20 años después, de una de las dictaduras más crueles contaminantes costosas destructivas y perversas que hemos tenido como país, vuelven los “psicosociales”; uno de los instrumentos más eficaces de control social usados por medio de la psicología humana para asustar, distraer, confundir, pretextar, manipular y utilizar al pueblo.

Vladimiro Montesinos Torres, Nicolás Hermosa Ríos y la cúpula militar y policial (de ese entonces), gracias a la venta de la línea periodística de los medios de comunicación que dirigían José Enrique Crousillat, los hermanos Mendel y Samuel Winter, Ernesto Schutz y otros “barones” de la televisión, radio y prensa escrita, con pleno conocimiento y respaldo del ex presidente y hoy recluso Alberto Fujimori Fujimori, utilizaron esta herramienta por casi 10 años, para contrarrestar cualquier investigación (venta de armas a las FARC, ropa donada, “Grupo Colina”, sótanos del “Pentagonito”, etc), minimizar e invisibilizar sus latrocinios y corrupción (“diarios chicha”, coimas por las privatizaciones, pagos a Montesinos, etc) y encubrir sus crímenes de lesa humanidad (Barrios Altos, La Cantuta, etc).

Usaron rostros “populares” del momento en la televisión como, entre otros, el de Laura Bozzo, Gisela Valcárcel, Magaly Medina y “servicios periodísticos” de “referentes de la prensa” como Nicolas Lucar y Mónica Delta, para idiotizar desinformando y ofreciendo circo.

Ahora -lamentablemente- seguimos en lo mismo. Algunas de estas personas siguen haciendo circo, otras han modulado su lenguaje y actitudes despóticas y se esfuerzan por mostrar que cambiaron y hay nuevos en escena. Los encontramos bajo los nombres de Phillip Butters, Aldo Mariategui, Milagros Leyva, otros y otras. También tienen un sitial ganado, en este camaleónico escenario, los “cómicos” Fernando Armas, Jorge Benavides, Manolo Rojas, Guillermo Rossini, Ernesto Pimentel y otros y otras. Hasta la congresista fujimorista Yeny Vilcatoma, pagado con dinero del pueblo peruano, tiene programa en el canal del Congreso; que usa para dividir, propagar su cultura del odio, defender la corrupción y promover la impunidad.

En la base de datos mundial de Internet, existe un registro de lo que cada una de estas personas -las de ayer y hoy- aportaron a la construcción de nuestro Perú, en aquella década de concentración y abuso de poder, latrocinio y corrupción, terrorismo (de Estado y de los grupos alzados en armas), persecución, secuestros, ejecuciones extrajudiciales y en general muertes direccionadas.

Toda esta gente, que soportan mediáticamente a los intereses de los grupos predominantes del país, se reinventan y -al igual que los políticos antidemocráticos como los fujimontesinistas y sus aliados y tránsfugas- se resisten también a irse. Mantienen fuertes e ininterrumpidos lazos con estos sectores, por eso su relación con los personajes clave involucrados en los procesos judiciales por corrupción; seguidos por el Sistema Nacional Especializado en Delitos de Corrupción de Funcionarios. Tienen una misión que cumplir, como en la década del 90.

Por eso -fanáticamente mintiendo y en sintonía de legión romana- dan cabida en sus programas “periodísticos” y “humorísticos” a sus socios, todos los que hacen mayoría en el Congreso, y juntos buscan desacreditar la forma en que los jueces y fiscales del Sistema Nacional Especializado en Delitos de Corrupción de Funcionarios, desarrollan los procesos judiciales en relación, entre otros casos, a ODEBRECH.

Es menos casualidad, en esa misma orientación de acciones, que ahora aparezcan “cuerpos descuartizados” (así los titulan en sus pantallas, tabloides, reportes radiales y redes sociales) en distintos lugares de Lima. Igualmente no es coincidencia que la mayoría de la familia Fujimorí en el mismo día se hayan "enfermado del corazón". Ambos hechos obedecen a un siniestro plan desestabilizador. Vuelven a "operar", al mismo estilo de su dictadura de los 90. Buscan desviar la atención de la población sobre lo que se aproxima, en términos de decisiones del sistema de justicia anticorrupción contra los acusados de corrupción -entre ellos la Sra. "K"- generar un clima de inseguridad ciudadana y "bajarle el impulso social" al adelanto de elecciones generales. Buscan sitiar al presidente Vizcarra y su gabinete, afectando su buena relación con la población. Por eso las movilizaciones nacionales deben continuar.

Sin escrúpulo alguno, la mafia fujimontesinista y sus aliados y tránsfugas -políticos y programas de la prensa- intentan utilizarte paisano peruano. Por eso debes valorar los medios que están usando (cadáveres y estados de salud), porque son muestra de lo que son capaces. Su objetivo es aferrarse al poder corrupto y corruptor que practican y promueven y seguir en total impunidad.

Nuestra desgracia no puede durar cien años, necesitamos deshacernos de estas prácticas mafiosas y personas que no comulgan con un Perú para todos y todas. El lugar es en las urnas, eligiendo bien; por eso la importancia de adelantar las elecciones generales al 2020.

Los psicosociales deben ser parte del pasado. Hoy está en nosotros que así sea, por eso apelo a tu memoria; porque un pueblo sin memoria histórica y consciencia social de lo que mejor le conviene está condenado a cometer los mismos errores una y mil veces.

Sacar a la mafia del poder es factible

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)

Defender el estatus quo en un país ganado por la corrupción política y de otros grupos de poder, resulta inmoral. Doblemente deshonesto es, pese a conocer lo que realmente ocurre, tener vocación acomodaticia, renunciar a principios, fomentar el utilitarismo e individualismo y “perder” conciencia sobre los daños que generan a una sociedad las formas de crimen organizado y amparado por sectores clave del Estado.

Patrocinar el actual estado de cosas, considerando que nuevamente estamos arañando fondo, es lo mismo que mentir a un crio, es hacer apología del delito, es conveniencia y traición, es oportunismo. La población así lo está entendiendo y expresando, como este 5 de setiembre en las calles, a lo largo y ancho del país. +Está ocurriendo, lo recogen todas las encuestas de este año y se aprecia el -cada vez mayor- rechazo a la corrupción, a sus perpetradores y a la utilización de nuestras instituciones por los mismos políticos y grupos de poder económico para seguir delinquiendo y no tener castigo. Los casos del fiscal supremo Pedro Gonzalo Chávarry Vallejos y los hermanos Graña del denominado “Club de la Construcción”, son dos de los peores ejemplos.

Estamos asimilando los peruanos, aunque con lentitud, la necesidad de afirmar el proceso de moralización e higiene de la política y el país y sanciones drásticas y efectivas contra los corruptos. El adelanto de las elecciones generales para el año 2020, que debemos apoyar, es paso clave de este proceso. Sabemos que si seguimos con las viejas prácticas de las elites económicas y políticas, aquellas que han “gobernado” por siglos el país con privilegios e impunidades y -desde la República- utilizando ubicaciones estratégicas de nuestro Estado, seguiremos siendo lacayos, estadísticas y “ciudadanos” de quinta.

Estas élites y sus viejas prácticas, todo indica, llegaron para quedarse. Aparecen y luego se ocultan cuando pierden presencia y cuotas de poder en el Estado. Siempre han controlado de algún modo. En las últimas tres décadas reaparecieron, en dos oportunidades, fortalecidos por aliados que muchos creían democráticos y se resisten a irse. Entre sus operadores, interlocutores y prospectos de estadistas -de hoy- están sus excelencias Rosa Bartra, Mauricio Mulder, Juan Sheput, Mercedes Araoz, Salvador Heresi, Víctor Andrés García Belaunde y cada uno de los que hacen mayoría en el Congreso. Están además, pero con mucho dinero, la prensa que miente, los abogados “constitucionalistas” de los corruptos que obstruyen, desinforman y confunden, los “líderes” empresariales que chantajean y acosan y una veintena de operadores naranjas de campo que, sin argumentos, confrontan violentamente en las calles a cambio de su “taper”.

Penoso y vergonzoso ¿verdad?, porque se trata de nuestro Perú, de nuestros paisanos, la tierra de los Incas y nuestra rojiblanca. En este contexto, no nos dejan otra alternativa que confrontarlos, exponerlos y, por el extremo de sus conductas con las que cada día nos faltan el respeto, renovarlos por medio de las urnas. Es necesario, posible y sería verdaderamente transformador si nos informamos bien y elegimos mejor la siguiente vez, y, en una línea autocrítica, aprendemos de nuestros últimos errores; no votando por gente ligada al hampa. Ahora es cuando, hay condiciones para democráticamente derrotar a la mafia.

Somos más del 80 por ciento de la población los que apostamos por aquellas reformas democráticas, como la política la judicial y otras, que el Congreso -que ahora representa a esas élites gobiernistas minoritarias- nos niega. Somos ese mismo porcentaje de peruanos los que respaldamos a nuestro subsistema de justicia anticorrupción y anhelamos que profundicen y afiancen la lucha contra la corrupción. En igual proporción respaldamos al Presidente Vizcarra en el uso de sus prerrogativas constitucionales de promover el adelanto de elecciones para el 2020 y, de ser necesario, disolver temporalmente el Congreso. Cualquier nueva representación congresal, será mejor que la de hoy. Todo esto que ocurre los tiene frenéticos y furiosos a los corruptos, de dentro y fuera del Estado, porque se sienten sitiados y saben que muchos terminarán en la cárcel.

Suscribo en general, en esa perspectiva, el pronunciamiento de los docentes de Derecho Constitucional de la Pontificia Universidad Católica del Perú, que felicito, y hago propio el llamado de que “el país demanda de gobernabilidad, para continuar con las políticas públicas económicas y sociales, así como, con la reconstrucción moral de nuestra democracia constitucional de cara al Bicentenario”. Soy consciente de que estos retos no son intereses compartidos con la mafia, ya sabemos que se aferran a su miseria, por eso seguiremos en esta lucha mientras haya aliento de vida.

Demuestra que sí piensas, que sí preguntas, que sí interpelas, que reconoces tus errores de elegir mal, que no necesitas de los políticos y que sí (tú) puedes sumar en este proceso de reorientar el rumbo de la historia de nuestro país.

Súmate y lucha por un Perú libre de corrupción…!!!

¡Cuidado con los humanos!

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)
Correo del Sur (Sucre Bolivia)
Los Tiempos (Cochabamba Bolivia)

Nos estamos acostumbrando a vivir entre tragedias. Apreciar que miles de kilómetros cuadrados de bosques en Paraguay, Perú y especialmente amazónicos en Bolivia y Brasil, arden desde hace semanas, me disgusta y cuestiona como ser humano. 
Somos los que más hemos depredado la naturaleza (árboles, animales, atmósfera, etc). Somos, pese a ser la única especie con capacidad de razonamiento, los que no paramos –un segundo– de contaminar nuestro hábitat. Somos los más peligrosos, por eso estamos afanados en extinguir toda forma de vida de “nuestra madre Tierra” y, al paso al que vamos, más temprano que tarde lograremos un planeta sin humanos y otros animales.
No voy a analizar las causas de estas últimas tragedias. Creo que es tarea de los ambientalistas, los sociólogos, los biólogos, los agrónomos, los comunicadores, otros científicos y autoridades “técnicas” generar información entendible –pero consistente y “aterrizada”– que nos ayude a entender los riesgos que se avecinan y a motivarnos para abandonar la cómoda indiferencia y pasar a ser protagonistas de la solución. Los “jurídicos”, me incluyo, estaríamos fracasando en este objetivo humano.
Los del mundo político y empresarial, al menos por esta vez, absténganse. Mientras menos intervengan más aportarán a las soluciones. Esta catástrofe ya es parte de su legado y mientras sigan divorciados de los beneficios de la ciencia, seguirán a la deriva. Por eso, es deber de la humanidad elegir líderes que reconozcan la importancia de proteger la naturaleza y que se esfuercen en promover soluciones científicas e integrales y una enorme base social empoderada que las respalde. Neguemos nuestro respaldo a quienes sólo creen en sus efímeros intereses personales y de grupos, en todos lados sabemos quiénes son. Pensemos cómo limitar su acción destructiva y cómo efectivizar los mecanismos legales internacionales existentes para que sus crímenes contra la Tierra y sus habitantes tengan castigo. 
¿Alguien duda de que el primer problema que tenemos actualmente es la salud medioambiental de la Tierra? ¿Alguien cree que, porque se “forró de” (para decirlo de algún modo), o heredó, unos cuantos millones de euros o dólares o tiene su mansión en los Alpes los Andes el Caribe o Australia, no sufrirá las consecuencias del cambio climático? ¿Por qué lo técnico y lo político no pueden caminar juntos y sumar a un mismo objetivo?
Y no es que lo aliente pero, podemos subsistir otros tantos cientos y miles de años con terrorismo, narcotráfico, corrupción, discriminación, inseguridad y violencias, dictaduras, guerras, etc., mas no con catástrofes medioambientales como las de estas semanas en nuestros países. Que Brasil, este 2019, haya tenido un incremento de incendios forestales en un 84% y que en Bolivia en lo que va del año, según la Fundación Amigos de la Naturaleza, se hayan quemado 1,8 millones de hectáreas, es una alerta roja para el mundo.
La Amazonia, siguiendo al periodista y ambientalista peruano Ramiro Escobar, “es el agua, es la lluvia, es la vida. Es la posibilidad de que otras regiones del planeta existan.” Su “bosque pone 20.000 millones de toneladas de agua en la atmósfera al día, y provoca lluvias hasta en la Patagonia. No es una fábula que es vital para todo el planeta”. 
Vivimos la mayor crisis moral de de estos últimos tiempos. Estamos acabando nuestro tiempo de vida como especie y nadie reconoce su responsabilidad por los incendios. Agresores e inocentes, ricos y pobres, gobernantes y gobernados –todos y todas– sufriremos las consecuencias de no haber respetado a nuestro mundo. Si no detenemos la destrucción, aun no controlada, nada más tendrá importancia. No tendremos futuro.
No podemos seguir, desde los gobiernos, legalizando la lapidación del planeta. Tampoco sustituyendo y restando responsabilidad, con fines electorales, a los gobiernos regionales y locales. El incendio forestal y político debe parar, no repetirse más y ser sustituido por espacios para la pedagogía política ambientalista. Tampoco destinando migajas para las “políticas medioambientales” a nivel interno e internacional.
Nuestra mentalidad que “prefiere lo rápido” (cuando se trata de expandir la frontera agrícola) debe evolucionar y apostar por lo sostenible. Necesitamos convocar y aprender de los “ninguneados” indígenas en sus formas de relacionarse y vivir en armonía con la naturaleza. La cumbre del G-7 debe servir a la humanidad y no servirse de ella, pero sobre todo –por su corresponsabilidad– deben ser los que nos ayuden a gobernar los ecosistemas, fortaleciendo la institucionalidad ambiental. Todo lo tienen ¿les falta algo? La Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), si se le disminuyen el tinte político, podría ser útil.
Los humanos necesitamos de la naturaleza y del planeta. La Tierra no necesita de nosotros para seguir existiendo, más aún si somos, en nombre del desarrollo, sus principales depredadores. ¿Es tan difícil entenderlo?

¿Realmente estamos “Contigo Perú”?

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El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)
Correo del Sur (Sucre Bolivia)
La composición de Augusto Polo Campos “Contigo Perú”, que interpreta Arturo Zambo Cavero, es emblema de nuestra música y no hay connacional que se resista a tararearla, cuando de mostrar su país de origen o, entre otras motivaciones, triunfos en el mundo se trata. Me incluyo. No obstante, como ocurre con todo lo importante que suma y hace a la construcción de nuestro país, estamos muy lejos de lo que su letra proyecta y nos exige hagamos.
Además de la unidad de regiones (costa, sierra y selva) a la que nos convoca, reconoce el compromiso que debemos tener con nuestro país cuando proclama “Pues todos estamos contigo, Perú”. “Somos tus hijos y nos uniremos” “Y así triunfaremos contigo, Perú”. Añade un ofrecimiento que estremece el alma cuando nos lleva, siguiendo su letra, a decir “Te daré la vida” “Y cuando yo muera” “Me uniré en la tierra Contigo, Perú”. También nos insta a darle grandeza a nuestra patria cuando nos pide “¡A triunfar, peruanos!” “Que somos hermanos” “Que se haga victoria” “Nuestra gran gratitud”.
Una hermosa composición y apasionada interpretación, poética, conmovedora, con gran arraigo social, pero irreal; porque hasta ahora no han dejado de ser sus elementos meras aspiraciones. No porque esté desenfocado y descontextualizado el gran Augusto Polo Campos, sino porque no hemos sido capaces de responder al reto que nos planteó. Paradójicamente, para la mayoría de peruanos, por una y mil razones, en el país todo está bien. Lo demuestran en sus acciones, pero más en sus omisiones; porque la corrupción, la impunidad, pero sobre todo la indiferencia (de esa mayoría) están destruyendo nuestro grandioso Perú.
El amor por un pueblo o país no se discute ni se pregona, se demuestra con proactividad (acciones y resultados verificables). Lo lírico y aquellos mensajes huecos y sin sentido de pertenencia social, que idiotizan, solo empantanan e impiden el despertar, el caminar y el progreso. El amor por un país, que es uno de los sentimientos más sublimes y que con naturalidad se va construyendo en la vida de los seres humanos, se expresa a través una vida productiva basada en normas, principios, valores y prácticas, que condensan y resaltan aquellas mejores cualidades de las personas. 
En la moralización de cualquier país y el sepelio de su corrupción y sus otros males, todas las personas honestas pueden y deben participar.
En esta perspectiva, además de algunos aspectos de orden material, histórico, religioso o económico, caracteriza fundamentalmente a un país, la calidad, perseverancia y coherencia de su gente. Importa si son respetuosos y tolerantes de la diversidad, puntuales, ordenados, con cultura del trabajo y del servicio, solidarios y, entre otros aspectos, conocedores y promotores de sus raíces y culturas, cumplidores de su marco normativo y si han desarrollado una visión propia del contexto y suman a la realización de la hoja de ruta de su país. 
Concluido el campeonato mundial de fútbol 2018, fuimos reconocidos por la FIFA como “la mejor hinchada del mundo”. Este mismo año también fuimos reconocidos como “mejor destino culinario en el mundo” al recibir por séptimo año consecutivo este galardón en la 25° edición de los Wold Travel Awards, considerados los “Oscar del Turismo”. Tenemos una de las “siete maravillas del mundo”. Somos un país con 47 lenguas indígenas vivas y 80 microclimas en las diferentes regiones. Creamos el pisco y contamos con el mejor tenor de este siglo. También poseemos la universidad más antigua de América y hace unos días clausuramos los “mejores juegos panamericanos de todos los tiempos”, en los que rompimos récord en medallas de oro en nuestra historia deportiva.  
Tenemos de todo y hemos limpiamente ganado un sitial único en el orbe. No obstante, no somos coherentes, no somos sinceros, no somos perseverantes, estamos marcados por la cultura de la mediocridad y la derrota, somos egoístas y conformistas, porque no hacemos lo que ofrecemos y decimos. “Contigo Perú”, pese a ser una canción idolatrada y vitoreada, demuestra estas afirmaciones.
Todos y todas saben que nuestro país está siendo saqueado por la peor calaña de seres humanos que se resisten a irse y se muestran indiferentes. Ya nadie ignora que nuestro Estado, en gran parte de su estructura estratégica, está en manos de esos criminales y la mayoría se conforma y calla. Por eso, con tremendo dolor y tristeza, les digo que resulta inconcebible que estén permitiendo, una vez más, que la corrupción y la impunidad sigan gobernando y destruyendo a ese Perú que a gritos dicen amar.
Estamos muy lejos de merecer un país como el Perú, porque lo que se ama –compulsiva y persistentemente– no se traiciona

Los corruptos no se quieren ir

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TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)
Correo del Sur (Sucre Bolivia)
Desde que el subsistema de justicia anticorrupción, hace menos de dos años, empezó a generar sus primeros resultados y, siguiendo debidos procesos, puso tras las rejas a políticos y empresarios acusados de corrupción, según aquella minoría que ha gobernado históricamente nuestro país, los problemas del Perú cobraron vida. 
Antes vivíamos los beneficios del crecimiento económico y nos proyectábamos al futuro como un país pacificado y reconciliado. Además disfrutábamos de la eficacia y efectividad de los servicios básicos que nos brindaba el Estado (justicia, salud, educación, deporte, saneamiento y vivienda, registros, etc.) y veíamos con entusiasmo y respeto religioso la ejemplar y educadora función legislativa y fiscalizadora del Congreso de la República. Teníamos un Gobierno central con estadistas honestos y genuinos promotores de carrera pública y paradigmas de la transparencia de la gestión y el Gobierno. Los gobernadores regionales y alcaldes –todos– cumplían sus mandatos y sumaban para que nuestro Perú sea ejemplo mundial de buen gobierno, pulcritud y decencia. Contábamos con una democracia casi perfecta, entre otros aspectos, gracias a la visión y plan de país del mundo empresarial, el mérito y aportes de nuestros servidores públicos, pero sobre todo aprendíamos del desprendimiento, integridad e identidad con lo peruano de los políticos.
Lo antes indicado es el mensaje que, irresponsable y tendenciosamente, los corruptos intentarán posesionar en el imaginario de la población, en el tiempo que sigue, con el fin de confundirnos, enfrentarnos y seguir manipulándonos. Se están valiendo para ello de su esencia, mentiras y todo tipo de inmoralidades. En ese sentido, sus portavoces y operadores en la prensa, las empresas y sus niveles de representación, el mundo de la política fallida, el secuestrado Congreso, algunos ámbitos clave del Ministerio Público, el Poder Judicial y el Tribunal Constitucional, no están vacilando en salir y defender la corrupción y la impunidad, usando y abusando de instrumentos que hacen a una democracia, como la libertad de expresión, la participación política, la inmunidad parlamentaria, la presunción de inocencia, etc.
Resulta que ahora, para estos indeseados de la política nacional y sus aliados y operadores, los culpables de la crisis del país son los fiscales Rafael Vela y José Pérez o los jueces Richard Concepción Carhuancho y Jorge Luis Chávez y todo aquel que se les enfrenta; entre ellos el presidente Martín Vizcarra. Son ellos los que “perturban nuestra democracia”, “alejan la inversión privada”, “generan recesión” y nos muestran en el contexto internacional como “país no confiable”. Son ellos los “autoritarios” y “dictadores”, los “violadores de la Constitución”, los “rojos” y “terrucos”; pero sobre todo los principales causantes del entrampamiento institucional que nos acosa. 
Para estos corruptos de ayer y de hoy, entre otras tantas formas de sus fechorías, la organización criminal de los “cuellos blancos del puerto”, que estaría integrada –para generarles impunidad– por algunos jueces y fiscales superiores y supremos además de consejeros del extinguido Consejo Nacional de la Magistratura, no existió y tampoco existe hoy. Los financiamientos ilegales (en la modalidad de lavado de activos y otros tipos penales) a campañas de candidatos identificados y su organización política a cambio de futuros contratos de millonarias obras, tampoco se dio. Las coimas entregadas por la corrupta y corruptora Odebrecht a expresidentes del país, gobernadores y alcaldes tampoco son ciertas. Menos se ajusta a la verdad que “periodistas” y “analistas políticos” vendan su opinión a favor de la corrupción por unos cuantos dólares. No es real igualmente que algunos arcángeles del Congreso, casi todos reclutados por la señora “K”, estén ligados al narcotráfico y que la inmunidad de la que gozan y la ayudita de “los hermanitos” y los “cuellos blancos del puerto” les haya permitido –hasta ahora– impunidad; al igual que a los otros que en función congresal en los últimos meses y años han cometido delitos.
Para los corruptos, que cada día vemos desfilar por la televisión y la radio adicta al latrocinio contra el pueblo peruano, todos son culpables de las desgracias del Perú, menos ellos. Por eso se sienten y conducen como los intocables, los probos y generosos, los inmaculados y algunos son vendidos como los mesías. Si la población los repudia y los quiere fuera de toda función de Estado, es porque está desinformada, son manipulados por gente del Gobierno o forman parte de alguna “facción terruca” que quiere derrocarlos porque desprecian la democracia y quieren evitar el desarrollo del país.
Así de insultante y testaruda es la defensa de la corrupción y la impunidad en este tiempo en nuestro Perú. Por eso, así de fuerte y potente también debe ser nuestra protesta y movilización social en defensa de la institucionalidad democrática. Seguros, insuperables e imperturbables debemos mostrarnos, porque no estamos lidiando con personas comunes, sino con integrantes de organizaciones puestas al servicio del crimen.
Si permitimos que los corruptos se queden y nos sigan gobernando, estaremos heredando a nuestros hijos una sociedad desahuciada, de siervos, con miedo, sin iniciativa y marcada por la cultura del fracaso. Si derrotamos a los corruptos, los estaremos expulsando de la escena nacional y daremos un salto cualitativo hacia una vida digna, con equidad, justicia, progreso, pan y, entre otros tantos beneficios, libertad.
Los peruanos necesitamos repensarnos como individuos, como sociedad, como país y renovarnos estructuralmente. Imposible no es.

Nuestra crisis política sólo la resolveremos actuando

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El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)

Durante esta semana, tras el anuncio presidencial de adelantar las elecciones generales para el 2020, gran parte de los sectores sociales comprometidos con el país -entre ellos algunos académicos- se han pronunciado y la mayoría coincide en que necesitamos salir del entrampamiento en el que nos tienen políticos y empresarios corruptos que domina el Congreso y otros sectores clave del Estado; actitudes que celebro, considerando que vivimos tiempos en los que el silencio resta doblemente y la indiferencia calculada suma al fortalecimiento de un Estado débil y dócil.

La polarización que vivimos, y que intereses ocultos hacen más visible en la relación Ejecutivo y Legislativo, debe terminar y es tarea de todos lograrlo. En esa línea, la apuesta por avanzar hacia la gobernabilidad democrática del país, siguiendo constructivas reglas de juego (éticas, morales, legales, etc) debe ser respaldada con pasión futbolística por todo genuino peruano. La continuidad -fortalecida por sus últimos reacomodos- de la corrupción y la impunidad, representada por quiénes hacen mayoría en el Congreso, que busca su institucionalización utilizando las estructuras y dinero del propio Estado, aquel que deja de ser utilizado para brindar mejores servicios al pueblo y va a los bolsillos de los corruptos, debe ser rechazada con ese mismo sentimiento de amor que nos une a nuestro Perú.

Seamos claros y directos, porque el momento histórico que vivimos lo exige. Si al Congreso que tenemos no le ponemos un alto ahora, no sólo obstaculizará el gobierno a cualquier Presidente o Presidenta que no se someta a sus designios de corrupción e impunidad, sino que también multiplicará sus artimañas y leguleyadas, para no extinguirse, hasta ganar la elección presidencial y congresal a futuro; incluso al margen de la ley, como en la década del 90 lo hizo su mentor y aun guía Alberto Fujimori. Se oponen al adelanto de las elecciones al 2020, además, porque estando fuera ya nadie le asegurará impunidad a sus “líderes” y socios políticos y empresariales (los del "club de la construcción" por ejemplo), y porque saben que bajo reglas de un debido proceso judicial nadie los salvará de la cárcel. Les aterra nunca más ser Gobierno nacional, porque sus crímenes acumulados sí tendrían castigo.

Por eso: ¿A alguien le quepa duda de que nuestro el Congreso, con su actual composición, predominio e intereses pro-corrupción y pro-crimen, aceptará reforma política alguna que los afecte mientras dure su mandato?, porque saben que ya perdieron la posibilidad de reelección. ¿Todavía no es claro que la protección a algunos jueces y fiscales corruptos, como Chávarry e Hinostroza, tiene que ver con acuerdos de impunidad para sus actuales “líderes” políticos y sus congresistas con sentencia judicial o procesos en curso por corrupción, narcotráfico y otros crímenes? ¿Acaso ya olvidamos, o por conveniencia lo queremos evadir u ocultar, que los que dominan hoy nuestro Congreso, son los mismos que violaron la Constitución de Haya de la Torre, cerraron el Congreso y capturaron el Poder Judicial el 5 de abril de 1992, crearon el Grupo Colina para asesinar secuestrar y perseguir opositores y, entre otros tantos ilícitos, cometieron el robo más grande de nuestra historia bajo las directrices de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos?

Entonces, necesitamos generar condiciones para que haya una alternancia política democrática, esto es “se vayan todos” el 2020, y siguiendo procesos transparentes y de renovación legal de autoridades del sistema electoral (ONPE- JNE fundamentalmente), eligiendo mejor, nos gobierne gente capaz y honesta. Esto es viable, nos conviene y ya lo hicimos cuando cayó la dictadura de Alberto Fujimori el año 2000.

No podemos seguir permitiendo que el abuso de un poco más de 70 legisladores, que por sus antecedentes, vínculos y acciones, han perdido total respaldo ciudadano, sigan imponiendo sus reglas de juego pro-crimen sobre los intereses de más de 33 millones de peruanos. No fueron elegidos para desnaturalizar y envilecer el orden democrático. Por eso, interpelarlos y pedirles acorten su mandato, es un derecho constitucional de todos y todas que ha canalizado bien el presidente Vizcarra.

El crimen y la impunidad no pueden eternizarse en la vida social y política peruana, como lo pretenden los fujialanistas y sus aliados. En ese sentido, efectivizar el recorte del mandato presidencial y legislativo, debe ser parte de la agenda diaria de ese 77% de nuestra población nacional que lo respalda. Necesitamos generar y garantizar un apoyo ciudadano más sostenido a esta necesidad nacional. Uno de sus instrumentos -el más potente- es la movilización ciudadana informada y organizada. Otro es la generación de corriente de opinión para que esa movilización tenga -en paralelo- cada vez más adeptos y argumentos sobre los beneficios de ganarle la guerra a la corrupción e impunidad. Uno más, accesible para todos, es exponer por redes sociales -constructiva y respetuosamente- cada paso que siguen los acusados de corrupción.

En nosotros está impedir que los persistentes atracos a nuestra democracia pasen a ser parte de la “normalidad” que sus perpetradores buscan. No esperemos, porque la gravedad de lo que nos ocurre no da más tiempo, que los poderes del Estado resuelvan esta crisis que, si bien es cierto tiene responsables políticos, la generamos -en el tiempo- los peruanos y las peruanas.

Asumamos el papel que, por responsabilidad social, nos corresponde y actuemos antes que esta oportunidad de sumar a la moralización del país, otra vez y otra vez y otra vez, la perdamos.