jueves, 29 de abril de 2021

¿Hasta cuándo los grupos de poder primero?

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
Panorama Trujillano (Trujillo Perú)

Que el presidente Francisco Sagasti prefiera rechazar la ley contra la usura bancaria, buscando el blindaje del Tribunal Constitucional es solo una muestra de cuán distante es este gobierno de los pobres y las sufridas clases medias, porque hay varias clases medias, así en plural. Una es la que tiene un respaldo económico permanente y otra es la que sobrevive apenas en un país afectado por una pandemia y el desempleo.

Si añadimos la falta de sensibilidad frente a los aportantes de las AFP que urgen ya de las 4 UITs que una ley les prometía y que el gobierno se negó a firmar, sabemos que el republicanismo de Palacio es un cliché y que a pocos políticos les importa realmente el sufrimiento de millones de peruanos.

Una mujer muere por qué no logra pagar un balón de oxígeno, un hombre hipoteca y pierde su casa por salvar a su padre de la muerte en este clima de indolencia y tragedia, vasta escena cuando teniendo un ahorro forzado en su cuenta de AFP no pueden disponer de él para sobrevivir. No es dinero estatal, es del aportante que por años sacrificó un alto porcentaje de su sueldo en ahorro y comisiones para tener una pensión. En los contratos existe un principio, rebus sic stantibus, cuando cambia radicalmente el contexto, cambian las condiciones del pacto. Este es el caso. La pandemia cambia las condiciones de la vida social. Lamentablemente sirve añadir que el sistema pensionario privado fracasó y lo que cada uno hallará al final es un ingreso que no cubrirá el mínimo de necesidades, quizás la luz y el agua mensual.

Es enorme la cantidad de peruanos y peruanas que no tienen empleo hoy y un alto número lo perdió en la pandemia. Las 4 UITs que el Congreso pretende liberar con oposición del Gobierno, se entiende en el contexto de una excepción, de una emergencia sanitaria grave, de una pandemia cuya segunda ola es impredecible en su impacto y que cierra las posibilidades de un empleo para millones de peruanos. Los mal llamados funcionarios, porque en realidad son servidores, con sus altos sueldos que hasta ahora nadie se atreve a cuestionar, son renuentes e impávidos frente a la opción de dar un alivio a la gente, tanto como a comprar plantas de Oxigeno o camas UCI, tan fáciles de adquirir en el mercado internacional.

Si el presidente Sagasti persiste en colocar bloqueos llevando el asunto al TC, pese a que ya hay antecedente favorable de entrega de adelantos a los aportantes, solo mostrará su voluntad de hacérsela difícil al pueblo y eso no es gobernar con la gente sino contra la gente.

Sin quitarle el aporte al que se sacrificó por años, mientras tenía empleo en un país de difícil recolocación laboral, devolviéndolo en lo progresivo para que cada familia lo invierta en una pequeña empresa de mediana rentabilidad, es importante reformular el sistema de pensiones desde el Estado y bajo el principio de solidaridad de los que más ingresos tienen y de unicidad. Estudiar la alternativa de una pensión mínima (estancada hace muchos años) será una tarea que atañe al gobierno que vendrá, lejos de toda componenda con los grupos de poder y sordos a una prensa mercantilista -no toda, por cierto- que solo sirve como caja de resonancia de la banca y las AFPs y sus interlocutores políticos en el Perú.

El resultado en las urnas del 11 de abril, nos guste o no, demanda nuevas formas de gobernar y el establecimiento de prioridades; en orden a las necesidades existentes. El pueblo ha tomado conciencia de ello. Resulta sensato para quién haga Gobierno, en ese sentido, aportar soluciones y no ser un obstáculo al que todo y nada asusta.

jueves, 22 de abril de 2021

El “mal menor”


Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
Correo del Sur (Sucre Bolivia)

Elegir al menos peligroso o preparado, como está ocurriendo en algunos de nuestros países, bajo el criterio que se trata del “mal menor” es una de las expresiones de la decadencia y fracaso de la sociedad y el Estado de este tiempo.

Su utilización, en el marco de los procesos electorales de las últimas décadas, ya resulta trillado y refleja el nivel de declive que tiene la democracia. Un concepto que cada vez es menos tangible, por su mal uso y abuso.

Cómo sociedad no hemos sido capaces de generar una participación política basada en valores y principios éticos. En este momento la honestidad y la rectitud, no son precondiciones para participar exitosamente. Por eso la inestabilidad y su impacto en la gobernabilidad. La crisis es de tal dimensión que, siendo rigurosos y respetuosos del concepto, ni partidos políticos tenemos. La mayoría improvisa y, para atraer y ganar votos, son candidatos sólo los que pueden “invertir” en la campaña.

Desde el Estado, el esfuerzo ha sido mínimo; considerando los gobernantes que hemos tenido. Por eso nuestros sistemas electorales no cuentan con credibilidad social. La acción del Estado en la materia, que por mandato constitucional y legal debe ser de generación de condiciones suficientes para una participación política efectiva, sigue siendo pasiva y coyuntural. Sólo intervienen desde los previos de los procesos electorales. No preveen ni se proyectan y, entre otras tantas cosas que pueden hacer, no entablan alianzas para desarrollar cultura jurídica y política.

Tampoco hemos sido capaces de darle esencia y resultados a las perspectivas ideológicas. Las mismas atrocidades las están cometiendo, hoy en día, quienes hacen gobierno desde las denominadas “derecha”, “izquierda”, “centro”; para mencionar sólo los más fáciles de identificar. En varios pueblos de América Latina y El Caribe está ocurriendo, vivimos polarizados y en otros con camisa de fuerza y mordaza.

Latrocinios, corrupción, persecución política, desapariciones forzadas y seguidas de muerte, secuestros, detenciones arbitrarias y preventivas indefinidas, captura control y sometimiento de las instituciones que hacen al sistemas de justicia, compra de la línea periodística de medios de comunicación, inversiones inútiles y sin control en propaganda gubernamental, etc. resulta cada vez más frecuente -y con impunidad- en países con gobiernos elegidos en las urnas.

Algo incomprensible está ocurriendo. El Derecho las ciencias políticas y sociales tienen las “barbas en remojo”. La gente, pese a conocer estos antecedentes y sus ofertas populistas y conservadoras, los sigue eligiendo. No queda claro, en qué momento perdimos el horizonte y si podremos enmendar. No hay autocrítica, sobre todo de los que ya hicieron gobierno; sólo se aprecia angurria de poder por poder.

En esta perspectiva, valorando el momento que vive el Perú, resulta contradictorio que algunas personalidades, como el Nobel de Literatura, sucumban ante sus intereses y miedos y alienten el voto a favor del “mal menor”. En lugar de, aprovechando la sensibilidad y receptividad social por el momento político que vive el país, iniciar una cruzada a favor del renacimiento de una clase política sin corrupción, para decirlo de algún modo, inclina su favoritismo por una persona sobre quien pesa un pedido fiscal de 30 años de cárcel, por -según las investigaciones- encabezar una organización delictiva desde la política. Cómo entender que por ser anti-izquierda respalde una candidatura que es símbolo de corrupción gubernamental autoritarismo y de desprecio a las reglas de convivencia democrática. Sin duda su antípoda de César Abraham Vallejo Mendoza.

En ese sentido, no es coherente apostar por el “mal menor”. Hacerlo es irresponsable. No se puede seguir ocultando maquillando e ignorando realidades. Se tiene que ampliar la lectura de cada país, abandonando el centralismo y las taras culturales predominantes que marginan, excluyen y discriminan -a los más pobres- desde algunos sectores de las grandes urbes.

La apuesta debe ser siempre democrática, queda claro, si de salir del hoyo en el que estamos se trata. Quién participe -organizadamente- en política, además de capacidad de conexión y entendimiento de la realidad nacional, debe respetar a su electorado y ser ejemplo de virtudes.

jueves, 15 de abril de 2021

Recapitulando y con calma

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú) 

En mi columna de opinión de la semana pasada, “Cuidado con el triunvirato”, traté de advertir del plan que la “señora K”, De Soto y López Aliaga estaban ejecutando de cara a controlar el Congreso, colocando una representación mayoritaria; considerando que ninguno de ellos ganaría la elección presidencial en primera vuelta. También alerté el cuidado que debíamos tener con aquellas propuestas cuyos “líderes” no habían deslindado con las dictaduras, disfrazadas de democracias, existentes en América Latina.

En la correspondiente a la primera semana de abril, “Otra vez el burro al trigo” que por cierto sólo medios de “provincias” publican, adelanté que un sector importante del país volvería a votar por candidaturas que representan el continuismo y la estabilidad de la corrupción y la impunidad.

Tiempo atrás, y de modo reiterado dependiendo de la coyuntura del país, ataqué los perjuicios que genera, a peruanos y peruanas, un Estado captado por el crimen organizado. Sus resistencias a irse y la manipulación de nuestras instituciones -como el Poder Judicial, Ministerio Público y Tribunal Constitucional- para mantenerse en sus haciendas de poder político económico y religioso, también fueron recurrentes en su tratamiento.

Otras voces, muchas y desde todo frente, hicieron lo propio y -con sus matices- en el mismo sentido. No obstante, el conteo de votos nos dio un resultado que corresponde analizar con calma, horizonte de país, respeto al contrincante, desprendimiento ideológico y partidario, sin miedo ni triunfalismos y descartando posturas discriminatorias y de odio.

Sabemos quiénes siguen en contienda electoral, sus acciones pasadas y sus vínculos los preceden, y no hay necesidad de rasgarse las vestiduras. Votar por cualesquiera, da contenido a una de las dimensiones de la vida en democracia; aunque cueste comprenderlo.

Si quienes hacen al triunvirato legislativo (“Avanza País”, “Renovación Popular” y “Fuerza Popular”) insisten en la captura del Estado para fines extralegales, antes que a la oposición reprochándoles desde el Congreso sus ilegalidades, tendrán al pueblo en las calles hasta lograr su renuncia. El margen para la ejecución de sus planes, a diferencia de los 90, tendrá ese doble límite. Las multitudinarias protestas sociales -no partidarias y con resultados tangibles- en Chile, Ecuador, Colombia, Bolivia y otros países, en los últimos años, son espejo de lo que ocurrirá; considerando que asistimos a un tiempo de despertar de pueblos y de necesidad de materialización de más derechos.

Lo propio ocurrirá si el candidato Pedro Castillo decide apartarse de las reglas del “juego democrático” y, al imponer sus ofertas electorales, patea el tablero. Tanto él como su competidora, pese a ser Ella parte del triunvirato que le da una representación mayor en el Congreso, tendrán que tejer alianzas para gobernar. En este marco, hacer propios otros planes de gobierno y mejorarlos, por ejemplo, en agricultura, educación rural, salud y vacunación -realista- contra la COVID, será más fácil para Castillo.

Queda también abierta la opción, en orden a los alcances del artículo 184 de la Constitución Política, de generar condiciones para que el Jurado Nacional de Elecciones declare la nulidad del proceso electoral, si es que los votos nulos o en blanco, sumados o separadamente, hacen más de dos tercios del número de los emitidos. Queda para el análisis de los pros y contras.

Sea cual fuere el escenario que tengamos luego del 6 de junio, desde el pasado 11 de abril, los competidores deben entender que no hay más aguante para peleas de callejón o los protagonizados en los programas de Laura Bozo. El “Perú profundo” se he expresado en las urnas claramente: “¡Ya basta de ignorar nuestras demandas!” “¡Ya basta de ser invisibilizados y ninguneados!” “¡Ya basta de postergar nuestras necesidades!” “¡Ya basta de que otros decidan y lo hagan sin escucharnos y contra nosotros!”. Han transcurrido 200 años y no es posible que sigamos en las mismas disputas de inicios de nuestra fallida República son, entre otras, las conclusiones que justifican parte del resultado del proceso electoral.

En este contexto, la mayor responsabilidad de lo que ocurra a futuro con el país la tiene el “último bastión”, que es Lima. Es tiempo que aprendan y decidan con responsabilidad y dejen de discriminar y darle la espalda a las otras provincias del país." 

jueves, 8 de abril de 2021

¡Cuidado con el triunvirato!

Publicado en:
Expresión (Chiclayo Perú)
El Clarín (Cajamarca Perú) 

La “señora K” y sus financistas han comprendido que no ganarán la siguiente elección presidencial, pero sí la congresal, y están aplicando una estrategia –envolvente y finamente armada- para mantener sus cuotas de poder en el escenario económico, político y religioso del país.

Están apostando por un triunvirato y les está resultando favorable. Con tres frentes en el Congreso, aparentemente distintos, podrán seguir defendiendo sus intereses y para lograrlo no dudarán en obstruir y chantajear a quién presida el Ejecutivo. Ya lo han hecho recientemente, desde el Congreso disuelto constitucionalmente.

Han decidido captar el voto de la población dispersándolo, a través de candidaturas alternas y para ello destinan millonarios financiamientos. Usan caretas que, pese a los antecedentes de quienes se esconden tras ellas, aun cautivan -siempre- con el objetivo mantener inalterable el estado de cosas (statu quo).

De Soto, López Aliaga y la “señora K”, en este esquema de “participación política”, son músicos de una misma banda y entonan sus encantadoras melodías leyendo un mismo pentagrama.

Los tres tienen una misma agenda. Un “Plan de Gobierno” con similar horizonte, no exhiben discrepancias entre ellos, tienen a su servicio las mismas encuestadoras y programas televisivos, tampoco se esfuerzan en modular sus ataques a quiénes se oponen a sus designios, etc. Los registros que hay de los denominados debates presidenciales, también muestran un único cordón umbilical.

Su visión del Perú, es instrumentalizar y controlar lo que puedan para su beneficio. Sus mañas, aquellas con las que operaron en la década del 90 y las décadas siguientes, no las han perdido; las han refinado. Quién, de los tres, resulte elegido es secundario. Por eso no les complica tener el papel de fusibles de una misma apuesta, usando el sistema electoral y político en crisis y abusando de ofertas populistas, que como sabemos aún tienen amplia acogida social, marcadas por la mentira el autoritarismo y las culturas del odio y la depredación.

Sólo les interesa tener una representación mayoritaria en el próximo Congreso, que estimo sería la “primera fuerza” al estar integrada por más del 20% de los congresistas. Por ahora se satisfacen, en controlar el Congreso.

Fortalecer el Estado y hacerlo eficiente y eficaz, en la prestación de servicios, no les interesa; como tampoco a la mayoría de las ofertas electorales existentes en cartelera. Su horizonte es poner los servicios públicos en manos privadas, bajo reglas entreguistas; sin importarles que las brechas sociales se profundicen y la reconciliación entre peruanos y peruanas sea inalcanzable. Por eso desarrollar iniciativas con objetivos sociales, les resulta asunto de “rojos” o “terrucos”. No han evolucionado y tampoco comprendido que el Perú es diverso y multicultural.

Resulta imperativo, frente a esta amenaza latente, promover un voto que no sume a esta componenda y tampoco a aquellas propuestas que no han deslindado con las dictaduras disfrazadas de democracia, existentes en América Latina. Merecemos iniciar un tercer siglo de República con esperanzas, no con miedo y resignación y tampoco con cruces inservibles y prospectos de tiranías.

Una composición congresal mayoritaria, integrada por “Avanza País” “Renovación Popular” y “Fuerza Popular”, repetirá una y otra vez las crisis de gobernabilidad que hemos vivido los últimos tres años. La vacancia presidencial, será una constante espada de Damocles, en el cuello del próximo Presidente y su Gabinete. Se trata de personas que culturalmente no dialogan, sólo imponen, porque aún hay quienes respaldan estas prácticas coloniales y abusivas.

Advertidos estamos. Si queremos dejar de quejarnos y lamentarnos, los siguientes años, elijamos informada y libremente. Demostremos nuestro amor por el Perú, no eligiendo -por más elocuentes y simpáticos que nos parezcan- a quiénes sólo se acercan al Estado para asaltarlo. En la actual oferta electoral, algo bueno debe existir."

jueves, 1 de abril de 2021

Estado y Gobierno

Publicado en:
Correo del Sur (Sucre Bolivia)
El Clarín (Cajamarca Perú)
Panorama Trujillano (Trujillo Perú)

Todo Estado se fortalece o debilita en función al tipo de Gobierno que tenga.

Un Estado, entendido –desde uno de sus ángulos– como el conjunto de instituciones que tienen la finalidad de administrar los asuntos públicos, cumple sus fines de regular la vida de una población, en el marco de su territorio nacional, soberana e independientemente, si es que quienes hacen su gobierno respetan el ordenamiento político adoptado y el suscrito con la “comunidad internacional”.

Son, entre otros aspectos, las reglas de juego con las que se eligen y/o designan sus gobernantes (Gobierno) y la forma de ejercer ese poder conferido, considerando que existen muchos Estados con estructuras semejantes, lo que define el perfil de un país; su ubicación ante los ojos del mundo y de la también denominada “sociedad internacional”.

Todo Estado, por más pequeño que sea su territorio población o PBI, debe aspirar a tener un gobierno democrático –que no solo es elección periódica de autoridades– y ser respetado y admirado por su conducción por sus pares en el mundo. Una máxima y a la vez objetivo ignorados y manoseados por unos cuantos, escudados en el paraguas de la soberanía.

Es determinante que un Estado, en su organización político territorial –por ejemplo andino– de distrito, provincia, región o departamento, sea gobernado por personas con valores éticos y actitudes personales de rectitud y capacidades para generar logros de gestión que beneficien a cada vez más personas.

En ese sentido, considerando que quien hace Gobierno es un gestor y administrador del Estado, corresponde –ejerciendo entre otros derechos los civiles y políticos– promover ajustes a las reglas existentes de participación política, para elegir gobernantes honestos. Aquellos que son transparentes en el uso de los recursos y objetivos y no engañosos en su discurso. Los que tienen misión social o espíritu de servicio y cultura del trabajo. El compromiso con su comunidad y el cumplimiento de la palabra empeñada, sin miedo a ensuciarse las manos, además de ser un visionario, innovador y de mente abierta a los cambios nacionales regionales y mundiales, también deben ser foco de atención –antes de elegir– de la población. No ser centro de problemas y más bien ofrecer soluciones a las necesidades que emergen de los problemas estructurales existentes, ser proactivo y buen administrador y orientar sus capacidades a logros, es lo que debe orientar el sentido de un voto responsable.

Estas características, que son consustanciales a un Estado con Gobierno democrático, no están presentes –en este tiempo– en el perfil de muchos de nuestros gobernantes, porque no son aspectos de valoración en la mayoría de electores. Esta demanda es apenas de unos cuantos. En la mayoría de los países el voto sigue siendo gaseoso (respaldo al que mejor me cae sin conocerlo) y caudillista (elijo porque ofrece y convence de su capacidad de mejorar el país). También, en las últimas décadas y con éxito, es antisistema y pro corrupción e impunidad.

Son contados los pueblos que apuestan por la defensa y ampliación de sus derechos humanos, que no tienen miedo a participar y eligen a los mejores y tienen como horizonte su vida con instituciones independientes y creíbles; que han aprendido a vivir en democracia.

No es lo mismo, entonces, Estado y Gobierno. Por regla, un Gobierno es ave de paso por el Estado; aunque en algunos países –cuyos gobernantes se han apartado incluso de las reglas que ellos mismos promovieron– la apuesta es el continuismo a perpetuidad, incluso a “sangre y fuego”.

El Estado es de todos y todas, es necesario conocerlo y desarrollar un sentido de pertenencia para accederlo y usarlo mejor. Conviene evitar que cualquier Gobierno se sienta dueño del Estado y lo secuestre, ellos están para servir a la población y no para perseguirlos y abusarlos.

jueves, 25 de marzo de 2021

Otra vez el burro al trigo

Publicado en:

El Clarín (Cajamarca Perú)

Panorama Trujillano (Trujillo Perú)

No obstante existir hartazgo y fastidio frente a la corrupción e impunidad que impera entre quienes hacen gobierno (distrital provincial regional nacional) el pueblo peruano realiza insuficientes esfuerzos para mejorar su participación política. No enmendamos y en cada proceso electoral, como el del 11 de abril próximo, repetimos las fatídicas mismas escenas. Elegimos como nuestros gobernantes al “mal menor” o a “los menos peligrosos”.

Las personas honestas le tienen miedo a la arena electoral, a la que consideran un campo minado que tarde o temprano los salpicará de deshonra y fatalidad. Una cesión que está facilitando que la mayoría de partidos políticos, y sus formas de organización, estén capturados por gente con un amplio prontuario delictivo.

El sistema electoral, por otro lado por el perfil de su composición, es incongruente con la visión de país querido que merecemos y por las decisiones que adopta se presta a todo tipo de sospechas y dudas; considerando que benefician a los menos aptos y afectan a los que sí a lo mejor pueden tener un mejor gobierno. No estoy atacando a la institución, llamo la atención sobre sus mecanismos de composición, que deberían darnos a los mejores humanos para dirigir un proceso electoral.

En este contexto, pese a las barreras existentes -dos de ellas descritas antes-todas de orden estructural que arrastra el Estado decadente que tenemos, existe la posibilidad de influir para que nuestros próximos gobernantes abandonen el círculo vicioso en el que estamos; eligiendo a personas sin prontuario y cuya bandera sea el Perú.

No podemos volver a elegir a personas que hacen a organizaciones delictivas, mal utilizando la política. Tampoco a clanes político-empresariales que buscan evadir impuestos o controlar a algunas instituciones contraloras y fiscalizadoras para “blindarse” y seguir ampliando sus márgenes de corrupción e impunidad y vigencia política en el país que, antes que de ellos, es nuestro. Menos aún a topos y testaferros políticos que están buscando obtener una mayoría política en el Congreso, como lo vienen haciendo los esbirros de la “señora K”, a través del triunvirato del que muchos prefieren callar.

Recordemos que ocurrirá, con nuestro Perú, si permitimos un Congreso con mayoría bajo la jefatura de la eterna candidata “señora K”. Tengamos presente también que los procesos judiciales seguidos a políticos acusados de corrupción, tendrán mejores resultados si es que no existen interferencias de políticos ligados a ellos; como está ocurriendo en los últimos años.

En este orden de reflexión, y sin necesidad de detenernos en elementos doctrinarios o ideológicos, queda claro que -en el año del bicentenario- será una forma de traicionar a la patria que volvamos a elegir a operadores de las mafias peruanas como nuestros gobernantes.

Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, Alan García, Susana Villarán, Luis Castañeda, Keiko Fujimori, Juan Luis Cipriani, Rafael Rey, Lourdes Flores, Mercedes Araoz y otros y otras, por ejemplo, ya son parte del pasado político que debemos terminar de sepultar. Para ellos, no puede haber más oxigeno político.

En ese sentido, evitemos que la historia se repita otra vez. Investiguemos el pasado y presente de los que elegiremos. Nuestro Perú, este año que cumple 200 años de República, merece algo mejor. La independencia, que tanta celebración y ruido mediático tendrá, en su mirada de proceso inconcluso, debe ser plena y lograrlo implica contribuir a la construcción de una “clase política” no subordinada a la corrupción e impunidad.

Los peruanos con esencia, no debemos bajar la guardia y más bien cerrar filas contra los corruptos que usan la política y el Estado para delinquir con impunidad. Usemos información válida, argumentos y ayudemos a que nuestros paisanos y paisanas ejerzan su derecho a elegir y no sigan siendo instrumentos de un sistema que nos los incluye en las decisiones, tampoco los escucha y por el contrario los daña.

Si buscas un Perú mejor, no hagas lo mismo de siempre. Dale sentido a tu voto. Para los políticos de este tiempo mereces lo mismo que das."


jueves, 18 de marzo de 2021

Las pandemias que nos acosan

Publicado en: 

El Clarín (Cajamarca Perú) 
OTRAPRENSA (Trujillo Perú)


Somos sobrevivientes de pandemias (propagación mundial de una nueva enfermedad) del pasado. Algunas llegaron y aun conviven con nosotros, como la peste bubónica, la viruela, el cólera, la influenza. La COVID-19 es la última y aun es poderosa porque ha encontrado como potentes aliadas a la mentira y la corrupción.

La corrupción, en cualquier período y latitud, crece y se afianza en tiempos de crisis; como ahora. Si esta es estructural, como ocurre en los servicios salud justicia infraestructura vial agua y saneamiento etc., termina cediéndole a los corruptos cuotas importantes del gobierno la y gestión de un Estado.

Ha ocurrido en el pasado y hoy, se aprecia en los grandilocuentes discursos de todas las tiendas ideológicas, sigue marcando el perfil y accionar de gran parte de los políticos “equipos de trabajo” y gobernantes de las américas.

En Perú, por ejemplo, los corruptos de las últimas décadas no se quieren ir. Han convertido también al actual proceso electoral en mercado, donde todo tiene un precio; considerando que tienen candidaturas testaferras a las que sólo le interesa el acceso al poder para instrumentalizar al Estado para su beneficio. Estas mienten y pagan a sus operadores mediáticos para que hagan circo y cajas de resonancia de lo que les conviene. Son expresión de la fallida democracia que tenemos.

En esta realidad, en los últimos días, la crisis estructural del servicio de salud y las marchas y contramarchas del Gobierno en la compra y uso de las vacunas ha facilitado, por el terreno fértil que ofrece, que la actual pandemia se constituya en un aliado perfecto de los corruptos que quieren hacer Gobierno. Están aplicando la regla del “todo vale” y, como es su estilo, solapadamente justificando la mentira y la corrupción.

También se aprecian, siguiendo a la prensa, compras sobrevaloradas de productos encaminados a mitigar los efectos de la COVID-19. Mientras esto ocurre, y ojo que sólo estamos anotando lo que estará pasando a nivel de Gobierno Nacional, miles de personas mueren. Desgarradora, extrema y dolorosa realidad, que muestra lo bajo que han caído quiénes dicen ser nuestros servidores públicos, líderes políticos y gobernantes. El mundo empresarial puede tener un papel solidario y responsable, no obstante, prefiere hacer comparsa a quiénes mienten.

Por eso hoy, no sólo estamos luchando por salvar la vida de los más vulnerables. También enfrentamos a las pandemias de la mentira y la corrupción que se aprovechan de los débiles mecanismos de supervisión institucional de compras y adquisiciones del Estado y la escasa confianza ciudadana en sus instituciones, dos de las expresiones de crisis estructural en los procesos de prestación de servicios, para sacar beneficio de la desgracia ajena.

Que estas cosas nos ocurran en este tiempo, nos quita esencia. Por eso debemos, en la perspectiva de enfrentar y ganarle a los flagelos que ahora caminan juntos, generar acciones y respuestas integrales efectivas y eficaces de las instituciones persecutoras del crimen.

Son tibias y complacientes y ayudan a perpetuar la mentira y la corrupción, las posturas de sólo denunciar su mayor o menor “intensidad”. La integralidad efectividad y eficacia, que demandamos, deben estar basadas en un marco jurídico coherente con el derecho interno e internacional y de tolerancia cero a las formas de corrupción y, entre otros aspectos, con penas doblemente duras. Necesitamos procesos sociales inteligentes que los reten y “voluntad política” de todos los poderes del Estado de -verdaderamente- enfrentar la corrupción y no solo tiene que ver con lo que intente hacer un ministro o el presidente.

Parte importante de esta lucha implica y más allá de coyunturas, porque como sabemos la corrupción es transversal en la mayoría de actividades del Estado, someter a procesos francos y abiertos de reestructuración al Estado, a fin de evitar la discrecionalidad, el secreto institucional y el monopolio de la información. Es derrumbar barreras y circuitos mafiosos existentes y construir política de Estado contra la corrupción y la impunidad.

A la COVID-19 lo venceremos en el tiempo desde la ciencia. A la corrupción y la mentira, que hoy también conspiran para matarnos, sólo los eliminaremos de nuestras vidas mejorando como humanos."


jueves, 4 de marzo de 2021

Las resistencias al “lenguaje inclusivo”

 Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)

Con compasión aprecio que aún hay quiénes se irritan, lo veo siempre en los grupos en los que hago parte en redes sociales, cuando alguien expresa -en general- opiniones que afirman la importancia del desarrollo del “enfoque de género” en las políticas de Estado.

Llamar la atención, por ejemplo, debido a su frecuencia, sobre el innecesario uso de expresiones “sexistas” por ser discriminatorias, nos expone. También, entre otros, el uso del “lenguaje inclusivo” que alude, siguiendo a Naciones Unidas, a “la manera de expresarse oralmente y por escrito sin discriminar a un sexo, género social o identidad de género en particular y sin perpetuar estereotipos de género”.

Esta semana me tocó apreciar algunos de estos arrebatos cuando, en un gesto de cortesía, utilicé la frase “reciban un fuerte abrazo todos y todas”. El androcentrismo, que como es conocido hace referencia a la aberrante y primitiva práctica de otorgar al varón y a su valoración de las cosas una posición central en las sociedades la cultura y la historia, no se hizo esperar y buscó marcar terreno.

Es “moda”, "pose", "huachafería" indicaron algunos. Otros adujeron que es afán por “distorsionar el lenguaje”. Los más arraigados con su práctica simplemente ironizaron su uso y no dudaron en poner como sus interlocutores válidos a personajes públicos que, por su falta de “ubicatex” y pese a su renombre mundial, solo se han limitado -en el curso de su vida- a defender un patriarcado decadente y obsoleto y relaciones sociales basadas en privilegios viles del varón.

Sin duda, valorando que las palabras expresan lo que pensamos del mundo y de las personas, se trata de humanos que viven anclados en el pasado y que, en esa medida, se resisten a reconocer que el mundo evoluciona cada segundo. Que hay enfoques, como el de género, interculturalidad, derechos, políticas públicas y otros, que están marcando el desarrollo de las sociedades, desde lo normativo e institucional y otros ámbitos, debido a la persistente situación de vulnerabilidad, que buscan revertir, en la que aún se encuentran sectores tradicionalmente excluidos, como el de las mujeres.

Les aterra que el “lenguaje inclusivo” avance y acelere el proceso de igualdad de género y de combate a los prejuicios de género; considerando que el lenguaje es uno de los factores clave que determinan las actitudes culturales y sociales. Por inercia, o la justificación que fuese, estas personas son reacias a crear entornos de trabajo que abracen la igualdad y sean inclusivos. Tienen miedo competir, bajo reglas justas, con una mujer.

En ese sentido, una evolución en el lenguaje contribuirá a cambiar aquellas estructuras mentales obsoletas y retrógradas, marcadas por estereotipos y mandatos sexistas. Es imperativo un lenguaje incluyente, más equitativo y justo para todas las personas y en ese ámbito el proceso educativo juega un papel central.

Entonces no se trata de juego de palabras, es confrontación con las construcciones socioculturales imperantes. No es ir contra la sacrosanta Real Academia Española, es darle contenidos a los derechos de las mujeres. No es terrorismo gramatical, es encarar y cuestionar los roles comportamientos actividades y atributos que nuestra sociedad otorga -hoy- a los seres humanos dependiendo de su sexo, etc.

Por eso, situar al hombre como centro de todas las cosas, en pleno siglo XXI, es delirante. Aceptar su predominio por el solo hecho de ser hombre resulta irracional. El “lenguaje inclusivo”, en el cometido de despatriarcalización que se expresa en dominación y opresiones, es una herramienta valiosa que debemos potenciar; es lo que nos conviene en este proceso de construcción de sociedades más equilibradas y con oportunidades para todos y todas.

jueves, 25 de febrero de 2021

No debemos temerle a la muerte

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Peru)
Correo del Sur (Sucre Bolivia)
Los Tiempos (Cochabamba Bolivia)

Una forma de vencer a la muerte, es no temiéndole.

Casi todas las personas creen que no se debe hablar de la muerte. Lo consideran desagradable y propio de locos ponerlo en debate. Es un tema tabú, pese a su intermitencia en la filosofía, la ciencia, la religión, incluso el arte.

Hay quienes por pensar en la muerte no viven libremente, les aterra que ésta llegue en cualquier momento. Son prisioneros del miedo. No obstante, llevan una vida plagada de bajas pasiones y sin objetivos, ni misión social.

En otra vereda, porque hay muchas sendas que se optan, están los que creen que vivirán eternamente. No solo se aferran a lo material y son capaces de pelearse con un hermano o una hermana o el mundo por centavos, si no que maltratan y ofenden a sus congéneres en cada paso que dan. Son egoístas, ambiciosos, angurrientos y avaros. Pareciera, por la ceguera en la que viven, que ignoran que en cualquier momento expirarán.

Lo cierto es que la muerte es una ley natural inevitable que, tarde o temprano, nos llegará a todos y a todas. ¿Falso?, no. En vida los humanos son diferentes y se afanan por diferenciarse para sacar ventajas, ante la muerte todos y todas somos iguales.

En esa comprensión, al margen de cualquier valoración filosófica religiosa o posición ideológica que siempre existirá, lo que importa es cómo vivimos. De una persona ya fallecida sólo recordamos la forma en que vivió y lo que aportó para la construcción del mundo; uno mejor del que recibió.

No se trata de no pensar en la muerte, es entenderla como un proceso natural para el cual debemos estar preparados. Esto puede implicar miles de cosas, pero hay que hacerlo simple. La idea de que vamos a morir no debe ser un generador permanente de zozobra e inquietud. Debemos asumirlo como algo normal.

Estar preparados para la muerte es vivir una vida plena, de manera que cuando nos llegue la hora podamos ser despedidos sin arrepentimientos. Todos y todas merecemos una dulce muerte, por eso debemos tener una vida bien empleada.

Una vida plena puede ser entendida desde diversas dimensiones. Prefiero, siguiendo a María Luisa de Miguel Corrales, “aquella que se relaciona más con sentir que estas en el momento presente exactamente donde quieres estar, haciendo lo que quieres hacer, o lo que sientes que es importante hacer para lograr aquello que para ti tiene sentido y significado. Sentir que estas en el camino que has elegido con total consciencia, libertad y responsabilidad y, además, que estas caminando como tu quieres caminar, no como otros lo han decidido por ti o para ti, como otros te recomiendan o aconsejan, como otros aprueban, o como otros opinan. Y en ese camino, están las personas que has elegido que te acompañen, las personas con las que quieres caminar”.

En este tiempo de pandemia, como en otras que la historia humana registra, nos toca despedir a nuestros seres amados y amistades. Es inevitable que haya tristeza y dolor, pero estos serán menos con el paso del tiempo. No podemos rendirnos, debemos actuar con valentía, sin miedo y sin prisa por morir; porque aún hay mucho por hacer.

Una de esas cosas por hacer primero, es comprender qué es la vida y hacerla útil, poniéndola al servicio de los demás. Nelson Mandela, al respecto expresó, “cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad.”

A la muerte hay que darle su lugar. Sólo es importante en la medida que nos motiva a darle valor a la vida, a lo que dejamos a los que nos suceden en su ciclo.


viernes, 19 de febrero de 2021

Cultura del odio

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)
Correo del Sur (Sucre Bolivia)
Los Tiempos (Cochabamba Bolivia)

La mayoría de seres humanos, si no la totalidad, convivimos -de manera silenciosa- con odios fobias y miedos. No obstante, practicarlos en nuestra cotidianidad, no los reconocemos y tampoco aceptamos. Nuestros mecanismos de defensa los disfrazan, la mayoría de las veces, o encubren hasta invisibilizarlos; pero no por ello dejan de ser dañinos.

El reto es dominarlos y evitar que afecten a terceros o nos dañen a nosotros mismos. El odio, por ejemplo, predicado y puesto en la cabeza de la gente, se hace un arma letal y vuelve a los humanos que lo promueven y aceptan en seres altamente peligrosos.

Es fácil odiar y quién lo fomenta lo sabe, y hasta placentero le resulta, por las ganancias que le genera. Otros odian por desconocimiento, por falta de comprensión de aspectos sustantivos de la vida y sus acciones son comprensibles pese a ser injustas.

Sea cual sea la motivación, el contexto social para su desarrollo es favorable, considerando que aun vivimos en un mundo sin oportunidades para todos y todas y con aberrantes expresiones de injusticia y abuso de poder, entre otros planos, político económico y religioso.

El que odia vive prisionero de sus complejos y resentimientos, pasados y presentes, es desconfiado y rencoroso y no tiene capacidad de autoevaluación. Sin darse cuenta, incluso, por la disminución de su capacidad de razonamiento, una de sus varias expresiones nocivas, daña -al exponerla- a su familia y arrastra a ese esquema autodestructivo a los de su entorno; porque todos terminan siendo rechazados socialmente.

Los que odian y enseñan a odiar pierden horizonte, porque las cosas que ocurren en el mundo sólo son adecuadas si a ellos les conviene. Nada existe sin su participación y todo es inútil e inservible por el sólo hecho de que así ellos lo califican. No importa cuán bueno sea un propósito u objetivo, para quien vive y fomenta una cultura del odio siempre será un adefesio.

Por lo general estas personas no tienen amistades, porque en sus relaciones sólo hay intereses y beneficios. Descalifican con la velocidad de la luz. Si les resultas útil te buscan, de lo contrario no existes; porque la envidia que tienen -a todo- es descomunal y los ciega. Viven existencias utilitarias y vacías y -pese a sus discursos moralizadores éticos y principistas- sus actos los dibujan de cuerpo entero como humanos; porque ni siquiera la genuina historia o las reglas existentes respetan. Son malos perdedores, siempre.

Son extensiones de la cultura del odio el oportunismo, la mentira, la irresponsabilidad, el abuso de poder, el fanatismo, la vida fácil, la soberbia y otras taras humanas. Nadie se salva de sus ninguneos, atropellos y zarpazos. Son una bomba de tiempo cuando los que promueven la cultura del odio tienen inclinación por la corrupción y son parte del denominado mundo político.

La cultura del odio impide pasar página y reconciliarnos. Está estacionada en nuestra sociedad y tiene millones de rostros y voces en cada altitud y latitud. Es la madre de la vulneración persistente a nuestros derechos por los Estados y pretexto social perfecto para que sigamos como rehenes de la violencia y la muerte.

Nuestras diferencias, culturales religiosas políticas y de mentalidades, son parte de nuestra riqueza, no son problema. Son un factor común que nos une y no tienen por qué ser la razón de nuestros odios, que benefician siempre a quién los promueve utilizando el nombre de muchos.

Considerando lo que nos ocurre como humanidad en este tiempo, siguiendo a Mahatma Gandhi, debe ser un objetivo de vida no dejar que se muera el sol sin que nos hayamos deshecho de nuestros rencores y odios.

jueves, 11 de febrero de 2021

¡No todo está perdido!


Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
TRUJILLOPRENSAPERU (Trujillo Perú)
Correo del Sur (Sucre Bolivia)
Los Tiempos (Cochabamba Bolivia)

Vivimos tiempos en los que el egoísmo, la mentira, la necedad, el abuso, la prepotencia, la imposición y, entre otras tantas taras humanas, los antivalores contaminan y taladran las relaciones humanas en su pretensión de penetrar, instalarse y perpetuarse.

No obstante, mientras existan humanos que adopten decisiones y ejecuten acciones equilibradas, coherentes, lógicas, justas, de desprendimiento y de renuncia en pro del bien común, el mundo tendrá razón de existir. En tanto sobrevivan hombres y mujeres con cultura de servicio –sin esperar nada en su beneficio–, haya gente que lucha por los derechos de aquellos que ignoran y no pueden defenderse, seguiremos siendo esperanza.

Aún hay gente buena. Personas que valoran la vida, destinan su tiempo para desarrollar acciones altruistas y de bien para sus pueblos. Seres que se respetan a sí mismos y que, en ese sentido, tratan al prójimo con verdadera bondad y fraternidad. Individuos que entienden la esencia de la dignidad del ser humano y se esfuerzan en darle contenido material y no en discurso, verbosidad y dogmatismos religiosos. Humanos que no ven con sospecha y duda a su sombra, que no se detienen en minucias ni formalismos, que no olvidan sus raíces y tienen sus sentidos abiertos y dispuestos para servir.

Hace unas semanas, una vez más, la vida me premió con una vivencia que enseña, orienta y enriquece mi espíritu. Dos de mis tíos más queridos de la “tercera edad” viajaron por más de 15 horas por unos trámites de Chepén a San Miguel y luego a Cajamarca en Perú. Estacionaron por unos minutos su vehículo en la plaza principal para comprar unos medicamentos, al ver otros autos parqueados. Desconocían las reglas de restricción vehicular. La autoridad municipal secuestró, sin su conocimiento, su vehículo en instantes y se inició su calvario en la ciudad donde murió el Inca Atahualpa. Enterado de lo que les ocurría “toqué varias puertas” desde Bolivia, en varios niveles institucionales, con el fin de ayudarlos y, cuando estaba por darme por vencido, apareció un abogado al que conocí en mis relaciones con la Universidad Antenor Orrego de Trujillo hace más de 18 años. José Manuel Rojas Villar no solo hospedó a mis tíos, sino que les dedicó dos días de su tiempo como abogado y solo se despidió de ellos cuando les devolvieron su vehículo. No pidió más que hacer lo mismo con cualquier prójimo en situación de necesidad.

Por eso sorprende que haya humanos que se afanen tanto por mantener y concentrar poder, bienes materiales, generar falsas imágenes de sí mismos con el fin de ser reverenciados. Decepciona aún más que para obtener estos “logros”, esos pobres seres no vacilen en atropellar y abusar de las reglas de juego existentes, que maltraten a los que llaman amigos o hasta den la espalda y se ensañen con sus propias familias.

Lo trágico, en este pantallazo de nuestro paso por este mundo, es que, por lo general, los que padecen de estos lastres pierden la perspectiva de que la vida es corta y que hay que recorrerla intensamente, despojándonos de cruces del presente y anclas del pasado. Les aterra hablar de la muerte, porque en el fondo saben que las consecuencias de sus actos y la forma como se vinculan con el mundo que los rodea, siempre los perseguirá.

Cada persona elije qué ser y cómo relacionarse con los demás. Sería bueno, en ese sentido, preguntar a los seres que decimos amar ¿cómo nos ven? y a los que llamamos amigos ¿qué valoración tienen de cómo nos vinculamos con el mundo?

Para que no todo esté perdido, trabajemos construyendo paz en cada ser. Solo si hay paz en el alma de los humanos, habrá sentimientos de amor por los mismos. Sin esos sentimientos, es impensable personas con capacidad de servicio.

jueves, 23 de julio de 2020

Renovar la clase política, un objetivo nacional

Publicado en:
Los Tiempos (Cochabamba Bolivia)

En este tiempo, es insostenible hablar de democracia representativa sin la existencia y la actuación de los denominados partidos políticos. Tampoco es concebible un partido político sin mecanismos, permanentes y persistentes, entre otros elementos, de renovación de su dirigencia y participación efectiva de sus integrantes.

Los partidos políticos –y aquí radica, en teoría, un plano insustituible de su importancia– son los principales articuladores y aglutinadores de los intereses sociales. Juegan relevantes funciones en la relación entre sociedad y Estado que van más allá de la mera contribución a los procesos electorales, pues afirman las reglas del juego institucional de pesos y contrapesos de la vida democrática de un país.

Es secundaria la doctrina u orientación ideológica que adopte cualquier partido político, mientras cultive valores y principios humanizadores, de protección a la naturaleza y, entre otros, de respeto a los derechos individuales y colectivos de las personas.

En esta perspectiva, debe ser objetivo de todo país que apuesta por vivir en democracia, construir y consolidar partidos políticos. Formas de organización con, entre otros elementos, ideología, objetivos, estructura y organización, forma de participación interna, transparencia, líderes, reglas y requisitos de participación, relaciones con sus miembros y con el resto de la sociedad, eficiencia y representación en los distintos niveles –posibles– de ejercicio del poder estatal.

En muchos países, en las últimas décadas, estos presupuestos morales y principistas, no están concurriendo en la formación y desarrollo de organizaciones de participación política. Por eso éstas, si no han sido captadas por estructuras criminales, están siendo creadas con fines delictivos. Órdenes que promueven y facilitan la corrupción y otros crímenes, pero también para asegurar impunidad a sus integrantes aliados y operadores, usando las normas y procedimientos e instituciones del Estado.

Vivimos una torcida realidad que es alentada por la indiferencia de una población que calla, por desconocimiento conveniencia miedo y otras formas de adormecimiento que debemos reconocer para superar.

La participación política en nuestros países no ha evolucionado. Alcanzar madurez social, desde una perspectiva democrática, con partidos políticos sólidos, institucionalizados por medio de elecciones primarias en la cabeza y en las listas, por ejemplo, aún es lejano en esta parte del mundo. Lo que tenemos son caudillos e improvisados al frente de su club de amigos y financistas internos e internacionales, que aparecen cada cuatro o cinco años en la arena electoral junto a aliados que, por lo general, en lugar de sumar con propuestas constructivas y masa crítica, restan debido a que no tienen visión de país ni localidad y porque su camaleónico pasado partidario o criminal los precede. Sólo contadas personas, de estos círculos de intereses, al ser nuevas en escena escapan a esta regla.

Necesitamos, por estas y otras consideraciones que están en el debate regional, repensar nuestras formas de participación política y recrear los partidos políticos. Rescatarlos y ponerlos al servicio de la democracia, depende de la calidad moral y misión social de quién decida incursionar en política.

Resulta ilógico, por ejemplo, que la mayoría de la representación en el Congreso peruano, a meses de ser elegidos –luego de la disolución constitucional de la anterior composición– y estar en funciones, pese a que fue bandera electoral de la mayoría de agrupaciones, se aferren a la inmunidad para generar impunidad. Lo propio, que sigan en actitud de vendetta y amenaza a los otros poderes del Estado, cuando de lucha contra la corrupción política o reformas políticas se trata.

En ese sentido, sepultar la tradicional forma de hacer política, esa que engaña al elector y burla su confianza, es indispensable. Nuestros países no pueden permitir que sigan postulando a cargos públicos personas con antecedentes criminales. Tampoco, entre otras caracterizaciones, que el debate político nacional esté basado en promesas vacías, populistas, desarraigadas, inviables, irresponsables y plagadas de odio.

Si no queremos que nos sigan engañando y postergando como pueblos, por más tiempo, hagamos de la política nuestra ocupación a tiempo parcial. Sólo en ese rumbo, podremos cumplir el objetivo nacional de renovar la clase política que nos usa y luego da la espalda.


jueves, 11 de junio de 2020

Apostemos por un mundo sin discriminación

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
Correo del Sur (Sucre Bolivia)
Los Tiempos (Cochabamba Bolivia)

Quien promueve o practica alguna forma de discriminación, arrastra la más vil de las degeneraciones humanas.

En ese entendido la lucha contra la discriminación, que es un viejo ideal humanitario de todo pueblo civilizado, debe ser también prioridad y meta alcanzable. Estamos en el siglo XXI y nuestras diferencias como edad, capacidades físicas diferentes, género o de sexo, racial o por origen étnico, nacionalidad o religión, no pueden seguir siendo expresión de un prejuicio para la exclusión, el desprecio, la violencia o el asesinato.

Quien discrimina expresa taras adquiridas. Lo hace, por lo general, para satisfacer sus intereses ideológicos, sociales, económicos, políticos y de otra índole; intenta alimentar sus ínfulas de superioridad y egocentrismo. Conoce pero poco le importa que los principios fundamentales de igualdad y no discriminación son consustanciales a la existencia humana y que, entre otros aspectos, aquellos conflictos basados en odios y dominios, de unos sobre otros, solo han servido para tener, hoy, un mundo inequitativo, injusto y en descomposición social.

En esa medida, la comunidad internacional a través de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde 1945 sigue “realizado esfuerzos” para superar este problema, prohibiendo la discriminación racial y consagrándola en los principales instrumentos de derechos humanos. Lo propio ha hecho, desde 1948, la Organización de Estados Americanos (OEA). No obstante, esos auspiciosos marcos jurídicos internacionales, que por un lado tienen que ver con las obligaciones para los Estados de erradicar la discriminación en los ámbitos públicos y privados y por otro la exigencia de adoptar medidas especiales para eliminar las condiciones que causan la discriminación racial o que contribuyen a perpetuarla, persisten el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia en gran parte del mundo.

Lo curioso, en este panorama, es que en aquellos países donde se ha construido un suficiente marco jurídico interno, para luchar con eficacia contra la discriminación, es su propio gobierno el que discrimina. Se aprecia en ellos una gran carga emocional de odio y frustraciones y al que consideran “diferente” o “no alineado” a su facción política lo estigmatizan. Es como veneno que acumulan permanentemente y que necesitan expulsar. Lo encontramos en todos los colores políticos, sobre todo en nuestra América de estos últimos años.

Los discriminadores saben lo que hacen, pese a ello hay que tenerles compasión. Hay que ayudarlos a cultivarse con educación en valores y principios, educación de calidad, porque su problema es cultural y por eso no practican una vida con perspectiva humanizadora.

Es tiempo de comprender que la humanidad es diversa y que las personas somos diferentes. Hablo como “serrano” porque nací y crecí en Agua Blanca (San Miguel, Cajamarca), soy peruano, mis padres fueron agricultores, tengo mediana estatura y también me alimento de cancha y quesillo; eso no me quita que sea un ser humano con sangre sueños y sentimientos, como todos y todas.

Es momento de ajustar nuestras estructuras sociales e institucionales a fin de facilitar la inclusión, movilizando y erradicando prácticas sociales discriminatorias profundamente arraigadas, prejuicios y estereotipos que se utilizan para sostener diferentes formas de desigualdad.

En este marco, el asesinato de George Floyd, hace unos días en manos del policía Derek Chauvin y otros en Estados Unidos, revela los prejuicios y la ignorancia que aún existe en uno de los países que muchos reconocen como icónico y emblemático de respeto al derecho ajeno y cumplimiento de la ley.

Queda claro, en orden a lo expresado, que la discriminación racial y étnica ocurre cada momento del día e impide el progreso de millones de humanos en el planeta. También, que las diversas expresiones del racismo y la intolerancia destruyen vidas al propiciar el odio étnico que, como está registrado en la historia, nos ha legado un siglo de genocidios como los de Armenia, Ucrania, el Holocausto nazi, Ruanda, Camboya entre otros.

Resaltar y defender lo que somos es una forma de disfrutar de nuestra diversidad étnica y cultural y de luchar contra los discriminadores y las discriminadoras. También lo es no hacer eco a los que promueven y practican las formas de discriminación como manera de dominación y sostenimiento del estado de cosas.


viernes, 8 de mayo de 2020

La mejor opción es mejorar

Publicado en:
Correo del Sur (Sucre Bolivia)
El Clarin (Cajamarca)

Hoy nuestra humanidad tiene otra oportunidad para reparar sus errores, que ojalá no la desperdiciemos. Si sigue siendo egoísta, mentirosa, maltratadora de la naturaleza, discriminadora, agresiva, con ínfulas de superioridad sobre su misma especie, intolerante, desleal, hipócrita, odiosa y rencorosa, sin capacidad de escucha, ambiciosa y avara e indiferente, cada vez sumará más a su autodestrucción.

En ese sentido, hace más de dos siglos, reflexionó Víctor Hugo cuando definió que el futuro tiene muchos nombres. Dijo que para los débiles es lo inalcanzable, para los temerosos lo desconocido y para los valientes es oportunidad.

Siguiendo esta línea de reflexión corresponde con valentía, superando nuestros temores y debilidades y con honestidad aceptando que, torpemente, seguimos viviendo en una sucesión de errores, asumir el compromiso de transformar nuestras crisis, algunas estructurales como la sanitaria que hoy desnuda y nos enrostra el covid-19, en oportunidad.

Como hasta hoy, no podemos ni debemos quedarnos en solo la crítica social y en discurso político, sobre esta crisis sanitaria y lo que pudo o no hacer cierto gobierno para enfrentarla sin tantas pérdidas humanas y económicas. Queda claro que todos y todas debemos ayudar, considerando que poco o nada hicieron en materia de salud –en el pasado por falta de exigencia social– nuestros Estados. Un buen inicio, esto es con compromiso y responsabilidad social, debería permitirnos, por un lado, discernir sobre qué es prioritario para los pueblos y, además, arrancar compromisos de su cumplimiento a los políticos, gobernantes y otros actores sociales relevantes. Es necesario y viable.

No estoy incentivando la generación de respuestas reactivas coyunturales cosméticas e improvisadas. Tenemos problemas estructurales que necesitan respuestas y soluciones integrales. Insinúo darle importancia y atención a lo sustantivo, a lo necesario, a aquello que tiene que ver con la continuidad de la humanidad. Planteo ir más allá de solo controlar al covid-19, potenciando y multiplicando los servicios de salud en infraestructura, recurso humano, accesibilidad, modernidad y tecnología, protocolos y economía para su operatividad.

Primero lo principal. Seguir atendiendo los requerimientos sanitarios y humanitarios producto de la pandemia que acosa a nuestros países, no puede dejar de ser lo central. La recesión que se avecina es inevitable y la debemos enfrentar con un restablecimiento progresivo de las actividades económicas, respaldados por los positivos indicadores económicos de los que nuestros gobernantes han alardeado en estas últimas décadas. Suma a la inequidad e injusticia social y alienta la protesta y violencia social que los beneficios económicos que otorguen los gobiernos en este proceso, en su propósito de reactivar la economía, sean solo para aquellos que más tienen y los paguen, a la larga, los medianos y pequeños empresarios, trabajadores y sectores en situación de vulnerabilidad.

En este horizonte, las opciones se reducen a una: debemos mejorar nuestras relaciones personales (sociedad) y globales (Estados). El miedo a la muerte, hoy todos la tienen y los que no poseen –por sus propios actos– la conciencia en paz viven aterrados, debe ser el gran motor para el cambio de rumbo en nuestra conducta y acciones.

Es necesario, también, replantear nuestra visión de lo que sigue. Usemos elementos científicos e interdisciplinarios. Si el 42% de la población quedó desempleada o sin ingresos y hay hambre en el planeta, su solución no solo debe ser desde la mirada económica. Incluso el “diálogo democrático” y el “discurso pedagógico” deben, para ser útiles, nutrirse de elementos técnicos y seguir anclados en aspectos ideológicos y políticos.

Contener los efectos del aumento de la desigualdad, el desempleo, el hambre, la violencia, nos obliga a tener a la persona como el fin y objetivo fundamental. No le tengamos miedo al cambio, avancemos quemando algunos puentes y construyendo otros.

jueves, 23 de abril de 2020

¿Dónde estás solidaridad?

Publicado en:
Correo del Sur (Sucre Bolivia) 

Los humanos rigen su comportamiento y acciones, basados en principios y valores que adquieren en el curso de su vida. Estos, practicados de forma colectiva o de modo individual, suman a la identidad de cualquier forma de organización social. Son las columnas, más o menos como los ordenamientos jurídicos, que se construyen con el fin de proteger, organizar y regular la convivencia en un orden social deseado.

Uno de ellos, de los varios existentes, es conocido como solidaridad. A lo mejor el más popular pero, sobre todo en los últimos tiempos, descuidado y silenciosamente trillado e instrumentalizado para mantener el statu quo.

Tanto en el marxismo como en el capitalismo y en el budismo como en el cristianismo, ejemplos de algunos planos de concepciones de lo humano, con más o menos repercusión, siempre se habló de la solidaridad como “pilar”, “compromiso”, “reivindicación social”, “principio fundamental de moralidad social”, etc. No obstante, excepto minúsculos casos, sólo hemos visto discurso, tenemos sociedades con doble moral.

En ese sentido hoy, aunque cada vez hay menos, están quiénes entienden y practican a la solidaridad como el valor supremo que marca su relación con el prójimo. Lo curioso en estas personas es que no están adscritos a ideologías ni credos. Promueven conductas orientadas a un mejor desarrollo de la colectividad, poniendo al servicio de ese propósito sus principales recursos. En esa perspectiva, se esfuerzan para no caer en la “palabrería hueca”, que nos tiene rodando por la pendiente de la pérdida de valores.

Si bien es cierto la solidaridad no es obligatoria, es un compromiso moral que debemos tener respecto a quiénes están en situación de riesgo o necesidad. En esa línea reflexionaron, pese al carácter histórico de su momento, Aristóteles (385 - 323 a. C) cuando definió que la esencia de la vida era “servir a otros y hacer el bien” y Alejandro Magno (742 - 814 d. C) cuando expresó que “de la conducta de cada uno depende el destino de todos”. Estas perspectivas hoy, frente al covid-19 que tiene a la humanidad entera (a “ricos” y “pobres”) entre cuerdas y a los sistemas de salud ensayando, mantienen intacta su vigencia.

Necesitamos, porque es un horizonte real que ofrece posibilidades considerando que no hay de dónde escoger soluciones, rescatar y reconciliarnos con la solidaridad; el valor humano más importante y esencial que todos y todas debemos practicar, dándole contenido tangible a través de acciones que signifiquen desprendimiento y que se plasmen en ayuda, por ejemplo a los que padecen en este preciso momento hambre en el campo y la ciudad. No podemos seguir viviendo de espaldas a la realidad y justificándolo todo con golpes en el pecho.

Las estructuras religiosas, sociales, económicas y de ejercicio de poder por medio del Estado, por la inequidad existente y que tiene que ver con la manera en que concebimos a la solidaridad y otros valores y principios, tarde o temprano colapsarán si no reorientamos nuestras relaciones hacia pactos sociales más equitativos inclusivos y perdurables.

El individualismo y el egoísmo no pueden seguir extinguiendo a la especie humana. Estas aberraciones, que inician y se proyectan desde el llamado hogar, siguen engendrando de modo alarmante pero aun reversible, miseria material y moral que, sin ser la única causa en uno de sus extremos, tiene según Naciones Unidas a más de cien millones de personas en “la forma más grave de hambre”.

En esta perspectiva, siguiendo al peruano Fernando Silva Martos, también le ganamos al covid-19 si avanzamos, pero superando viejos problemas como “información mediática inexacta, protagonistas espurios, corrupción, aprovechamiento de malas autoridades, enfrentamientos estériles, abuso de poder, discutibles decisiones, falta de recursos y debilidades estructurales”. Sin que ello signifique transigir, también sugiere “mirar… al futuro y continuar en la brega, aun cuando el desaliento de los inconformistas, de los corruptos, de los irresponsables, de los aprovechadores y de todo aquel mal ciudadano que no respeta las reglas”.

Está en nosotros ser instrumentos del cambio que pregonamos y queremos ver en el mundo.

 


jueves, 9 de abril de 2020

También hay que cuidar los alimentos

Publicado en:
El Clarín (Cajamarca Perú)
Correo del Sur (Sucre Bolivia)
elPotosi (Potosí Bolivia) 

Es inminente que otra crisis inicie, si no reaccionamos a tiempo, y tiene que ver con los medios de subsistencia o también llamados alimentos, considerando que ya somos más de 7,700 millones de habitantes en la Tierra; de los cuales 1,400 sufren “pobreza extrema” y casi 820 padecen “hambre crónica”, no tienen acceso al agua potable y a servicios básicos como la salud, la educación y otros.

El COVID19, que es una de las casi 40 especies de coronavirus que conviven con los humanos desde hace más de 5,000 años, ha puesto en evidencia nuestras debilidades y tiene contra las cuerdas a lo que conocemos como “civilización”. Nada ha detenido su avance y crecimiento en contagio. Los primeros países en mostrar mayor tasa de mortalidad -hasta hoy- son los de Europa (Italia llegó al 12.3%, España al 9.6% y Reino Unido al 2.9% al 5 de abril) y Estados Unidos (2.9% a la misma fecha); países auto identificados como del “primer mundo” y con sistemas de salud “modélicos”.

En Sudamérica, donde ya hemos superado los 427 millones de habitantes, lo que está ocurriendo en Brasil (681 fallecidos) y Ecuador (191 fallecidos), a inicios de esta semana, es una señal poco alentadora de lo que puede pasar en el resto de países, considerando que la expansión del COVID19 encuentra escenarios políticos tensionados fragmentados y dediles, sistemas sanitarios ineficaces deficientes y colapsados y economías precarias y en incertidumbre.

Estamos en un momento crucial de la historia humana en el que se requiere respuestas integrales a nivel de Estados y globales a nivel de la comunidad internacional. No sólo está en juego la vida, sino también la subsistencia de la especie humana, si nuestras autoridades -en los diversos niveles de gobierno del Estado- no adoptan medidas tendientes a garantizar la “seguridad alimentaria”; término que alude tanto al suministro como a la demanda de alimentos a través de su disponibilidad, el acceso económico suficiente de las personas a ellos y su diverso y nutritivo aprovechamiento biológico de los mismos.

En este contexto, siguiendo lo que recomienda la Organización de las Naciones Unidas para Alimentación y la Agricultura - FAO, a partir de su experiencia de la crisis de 2007-08, cualquier medida que adopten los Estados “debe estar orientada a proteger a los más vulnerables… y mitigar los efectos de la pandemia en el sistema alimentario”. Añade que “los responsables políticos de todo el mundo deben… hacer que esta crisis sanitaria se convierta en una crisis alimentaria totalmente evitable”.

En esa perspectiva, resulta evidente que el sistema alimentario mundial está también en prueba. Lo más probable es que estemos produciendo menos alimentos, como consecuencia de las medidas adoptadas en cada país como las restricciones de movimientos y escases de fertilizantes y medicamentos veterinarios y otros insumos, en el marco de las cuarentenas, que podría afectar a la producción agrícola y ganadera. Cuenta además que el cierre de restaurantes impacta en las compras en tiendas de comestibles y que se ha reducido la demanda de productos frescos y pesqueros, lo que está afectando a productores y proveedores y que la agricultura y la pesca están siendo seriamente afectados por la paralización de la industria del turismo, el cierre de negocios de comida y la suspensión de la alimentación escolar, entre otras actividades.

En este contexto, los segmentos que ya están sufriendo más son los pobres y la población en situación de vulnerabilidad (migrantes, desplazados, los que padecen conflictos, niños y niñas, personas de la tercera edad, pequeños agricultores, ganaderos y pescadores, etc.), los sectores comprendidos en la cadena de producción de alimentos deben ser escuchados. Pasar por alto propuestas que parten de la realidad y lo vivencial, por ejemplo de la Junta Nacional de Usuarios de los Sectores Hidráulicos de Riego del Perú que apuntan a la erradicación del hambre y la construcción de sistemas agroalimentarios inclusivos y sostenibles, es sumar a la materialización de la inminente crisis alimentaria.

Ya es atentatorio para la vida sufrir sistemas de sanidad pública y protección social con capacidad limitada y en muchos casos irreal, como para -también- sumar inseguridad alimentaria en nuestros pueblos. Por eso se debe evitar medidas que afecten a la producción y el comercio agrícolas. Las frutas y hortalizas frescas, el pescado y los productos pesqueros, deben seguir llegando a nuestras mesas.